martes, 14 de mayo de 2019

Estadísticas y encuestas.



Personalmente, decir que no creo demasiado en las estadísticas. Cierto que no las entiendo lo suficientemente como para hacer grandes valoraciones sobre unos datos que, se supone que alguien con mucho esfuerzo, ha sacado adelante para temor de la mayoría de los españoles. Por eso al leer ciertos resultados de encuestas que nos garantizan quién va a ganar y sobre todo por cuánto y con qué diferencia con el anterior o con el siguiente, me quedó pasmado sólo de pensar a quien se lo habrán preguntado.
Confieso que soy una de esas personas a quien nunca han preguntado, absolutamente nunca, por los resultados de próximas elecciones, por el interés en determinado partido o por lo que opino de los problemas de la Unión Europea. Tampoco conozco a nadie, en mi ámbito cercano, a quien le hayan preguntado, telefónicamente, por esos famosos intereses de su voto. Por eso cuando la estadística dice que, para sacar adelante esos resultados tan rimbombantes, han debido preguntar a una ingente cantidad de personas, poco me cuesta imaginar que, en muchos casos, habrán preguntado siempre la misma.
Yendo al magro del asunto, decir que esas estadísticas tan trabajadas y sobre todo tan super valoradas fallan enormemente. Los patinazos son abundantes y de importancia. La victoria de Zapatero, las primarias de Sánchez, los resultados andaluces de Vox… no dejan de ser ejemplos conocidos.
El CIS ha sacado recientemente la valoración que entiende va a ser definitiva a la hora de las próximas elecciones nacionales, europeas, autonómicas, locales, bla, bla, bla… y le da una ventaja de casi un tercio al PSOE sobre el siguiente partido que viene a ser el PP que ciertamente patina. Esa valoración quizá sea cierta y quizá el CIS acierte y, por fin, haya una estadística que nos pueda sacar de dudas un par de meses antes que suceda la realidad de la votación. Lo dudo y apoyo tal afirmación con un ejemplo. Piensen ustedes en una estadística sobre la probabilidad de unos carnavales de Burgos con ambiente primaveral. Seguro que la más benigna encuesta sobre esa posibilidad pasaría obligatoriamente por alguna nevada, chuzos de punta o truenos y relámpagos. Es decir, unos carnavales como los de todos años. Pero, amigos lectores, la estadística este año ha fallado y además estrepitosamente. Diez grados a las doce de la noche explicarían el clamoroso fracaso de las encuestas. Hemos visto disfraces de todo tipo sin dos o tres trajes por encima, una cabalgata sin bufanda ni “rebequitas” abrochadas y esperamos con ansia un entierro de la sardina con las terrazas llenas de gente en mangas de camisa. Pero, claro, Burgos is diferent.

Francia y los franceses.



He visitado Francia por tercera vez, he intentaré dar una opinión mínimamente respetable. Partiré de que los franceses se quieren. Tienen ese estigma de las personas que, sabiéndose diferentes, no les importa mantener ese estatus de distancia.
Esta vez, crucé los Pirineos desde Pamplona. Sálvese quien pueda si no es usted un ciclista que esté haciendo el Tour de Francia. Ahí observamos la ausencia de carreteras convencionales con dos carriles. No hay problema, hay autopistas de peaje a todas partes. Comienza el característico olor del queso fuerte o la tranquilidad circulatoria que te imbuye cuando entras en Francia. La forma de conducir de estos galos no tiene nada que ver con la nuestra. Solo adelantan cuando pueden, no atascan el carril izquierdo y te pitan si cometes alguna atrocidad cómo pasarte la velocidad reglamentada o salir de un semáforo antes de que se ponga en verde.
Enseguida aprendes sus palabras más repetidas “pardón” o “s´il vous plait”. Si preguntas algo a un francés, éste con amable sonrisa te pedirá el plano, le dará cuatro vueltas, se rascará la cabeza y mirará a quien tenga al lado. Luego en francés, solo en francés, -“no english, no spanish”- te dará una explicación detallada. Supongo que cada francés conocerá la lengua de la zona donde habita, pero nadie se imaginaría a un francés expresándose con un extranjero en alsaciano, bretón o en occitano-gascón. Eso como parte de su cultura y costumbres, bien, pero hablar lo que es hablar, solo hablan en francés: único vehículo considerado oficialmente como de integración ciudadana en Francia.
El francés cuida y aprecia su industria propia. La circulación está copada por utilitarios: magníficos utilitarios. Todo producto nacional, ya lleven en sus frontales un rombo, un león o un par de angulitos. Lo suyo lo primero. Chovinismo puro. Ellos se quieren.
Cuando Notre Damme ardió, inmediatamente salieron a la calle y apoyándose unos en otros, sin declaraciones partidistas, demostraron dolor. El presidente de la República dio el pésame a los franceses y al mismo tiempo a los católicos. Ante ese hecho, en España sale un “chorra”, un tal Máximo no sé qué, que dice que “pudiéndose en su lugar haberse quemado la Almudena…” (¡ay qué malo es perder la efímera fama!).
Sobre política, ni hablar. Mejor conversar sobre castillos, murallas, palacios y toda clase de iglesias que han marcado un punto de inflexión en la historia. Cierto que, algunos aún muy relevantes, tienen una urgente necesidad de una buena mano de chapa y pintura.
En fin. Difícil no comparar a los franceses con los españoles, así que lo dejaré en una pregunta “¿Los españoles nos queremos?”

jueves, 28 de febrero de 2019

QUEEN. Una rapsodia bohemia.



Hace, ya, muchos años, tuve la fortuna de ser invitado por la Discoteca “Sol Play Boy” de La Coruña a la presentación de un grupo que, allende nuestros mares, estaba pegando muy fuerte. Además, asistiríamos al sorteo de uno de sus singles que había sido número uno en Inglaterra, noticia de gran importancia en la época.
En tiempo y forma nos presentamos una ingente cantidad de personas que, al albur de la invitación, allí nos habían citado. El grupo en cuestión se llamaba Queen y estaba formado por un astrofísico melenudo, un dentista, un ingeniero electrónico y un cantante con los dientes hacia fuera. La propaganda comercial había sido brutal. Nadie con unos mínimos conocimientos musicales podía permitirse el lujo de dejar de conocer a aquel grupo que cantaba con algo de falsete y que sonaba de una forma que parecía de otra época. Aquel estilo se vino llamar “Opera rock” o “Glam rock”  y no se parecía nada a lo anteriormente oído, pero todos los asistentes en aquella discoteca saltábamos y cantábamos como si fuera la música más conocida de la historia. Acostumbrados a la música marcada por Pink Floyd, Deep Purple, Led Zeppelin, Rolling Stones y, por supuesto, los ya disueltos Beatles, nada recordaba a lo que hacía aquel nuevo grupo. La presentación del álbum “Sheer Heart Attack”:Certero Ataque al Corazón fue un acontecimiento y su canción principal “Killer Queen” algo así como “Reina matadora” no dejó indiferente a nadie.
Con aquel estilo musical, Brian MayFreddie MercuryJohn Deacon y Roger Taylor comenzaron una carrera que los llevaría a grabar catorce discos de estudio, vender más de 27 millones de copias o hacer historia en el estadio de Wembley en el famoso concierto Live Aid en 1985.
Queen se disolvió en 1991 tras el fallecimiento de Freddy Mercury, aunque quienes le vimos cantar la canción de las Olimpiadas de 1992 con la Caballé, no nos lo acabábamos de creer.
Por obra de la tecnología, Queen ha vuelto mediante el biopic de Mercury en el film “Bohemian Rhapsody”, que nos recuerda los momentos buenos de la banda y tapa otros momentos más oscuros que, creo debemos dejar olvidados. Esta peli, nominada a los Oscar a mejor película y a mejor actor para un genial Rami Malek, retuerce un tanto la verdad para llegar al gran público y hacer un espectáculo bonito pero, al mismo tiempo, nos deja un buen sabor de boca que confirma las palabras de Malek: “Nadie puede ser Freddy Mercury”. Por cierto, tengo en gran aprecio el premio de aquel sorteo: un single de “Killer Queen”.

Fajinitis.



En el ámbito castrense es corriente que cuando un coronel está en trámites de un previsible ascenso a general, cambie su carácter, su talante e incluso su razón y pase a ser una persona diametralmente opuesta a la que había sido pocos días antes. Tal situación cubre a los nominados con una capa gris, a veces negra, que obliga a que la exigencia eleve su nivel, de bien a lo siguiente. A partir del momento de su designación, se inicia la campaña. Todo será manifiestamente mejorable y todo lo actual se discutirá hasta que su impronta quede perfectamente definida. Tal situación, en que pasan el día haciendo campaña, se denomina “fajinitis”, simbolizando la colocación del fajín del generalato. Sólo se conoce una forma de alivio: el ascenso a general. De no ascender, la “fajinitis” se mantendrá permanentemente o hasta confirmar su ausencia, con lo que el coronel, consciente de que su escenario militar acaba en aquel empleo, vuelve a ser quien antes era.
Salvas sean las distancias, este “padecimiento” ha venido dándose a nuestra clase política en los últimos 40 años. Cada vez que unas elecciones asoman, los políticos pasan a ser personas diferentes a quienes habían sido durante los anteriores cuatro años, es decir las personas oscuras y sombrías que habían permanecido sentados o acostados en sus sillones del Parlamento. Ello supone que, a partir de la convocatoria, los políticos modifican el talante, ponen sonrisa “profidén” y se lanzan a la calle a besar niños y abuelas.
Pedro Sánchez, que ha convocado al pueblo para unas elecciones generales el próximo 28 de abril, se ha metido en campaña, es decir en plena “fajinitis” y ha comenzado dándose un homenaje de dieciocho minutos dirigido a su parroquia (la que le queda) para contarles lo “bien” que ha ido todo durante esos pocos meses que ha detentado el poder. El PP no le va a la zaga. Sus candidatos salen a la calle buscando acercarse a su público, hasta que, en el poder, regresen a los ancestros de Génova 13, donde permanecerán recluidos hasta las próximas elecciones. Los nuevos partidos no hacen menos. Promesas de todo tipo y todo visiblemente perfilado.
El señor alcalde, consciente de que sus posibilidades de ser reelegido con una mayoría aplastante son muy limitadas, no para. Va de aquí para allá inaugurando obras, arreglos de calles, buscando la obra que le dé la marca del campeón. Cualquier corte de lazo es importante y válido para conseguir un voto más.
En fin, como dijo Sánchez, “llámenme clásico, pero sin presupuestos uno no puede gobernar”. Me permitiría añadir: Ha comenzado la “fajinitis”; perdón, la carrera electoral.

domingo, 17 de febrero de 2019

EL EQUILIBRIO DEL TREN: Grouñidos en el desierto.


Desde aquel “Váyase Sr. González” que profería José María Aznar, no se había conocido en nuestra historia reciente un hecho que, no por normal, ha dejado de ser sorprendente. Este pasado domingo los españoles (sólo ciertos españoles) se han echado a la calle para pedir convocatoria de elecciones al presidente del gobierno.
Los asistentes han dicho a Sánchez que no aceptan su trayectoria política y debe hacer lo propio de un presidente democrático arreglando la situación en que ha metido al país por su ansia de permanencia en el poder y su asiento en el sillón curul.
La máxima ha sido el hartazgo y agotamiento de la sociedad al ver como las palabras, promesas y propuestas ofrecidas a los ciudadanos antes, ahora y posiblemente después, se constituyen en humo según pasan del dicho al hecho. No debe extrañar, por tanto, que la forma de predecir la realidad o ficción de sus palabras pase por conocer previamente si fueron dichas dentro o fuera del traje de presidente. Tal cual, una película de los Hermanos Marx.
Tanto la falsa convocatoria de elecciones inmediatas a su designación tras la moción de censura, cómo la íntima negociación con aquellos que pretenden romper el estado de derecho e incluso la tibia forma de enfrentarse a una parte secesionista de la sociedad actual son parte de su proceder. La aceptación de veintiún puntos obligacionales en las pretensiones del gobierno separatista catalán, incluyendo entre ellos la paridad en la negociación entre Estado y Comunidad Autónoma, han aumentado el rechazo. Su propio partido se ha unido a la queja. No todos, pero sí importantes. Guerra, García-Page, Vara…Éstos han dejado el perfil y se lo han exigido, pero en su defensa ha salido la vicepresidenta Calvo alegando la existencia en España de un clamor por el diálogo.
En consonancia, Sánchez, eludiendo el riesgo, se ha atribuido la publicación de un libro redactado por la escritora Irene Lozano, donde refiere las vicisitudes que le han ido ocurriendo desde su llegada al poder en 2014 y cómo, sorteando la verdad, ha conseguido la permanencia en el poder y sus ventajas. Ciertamente notable. Pero tal ocurrencia de este presidente, mitad friki y mitad vendedor de humo con ínfulas de estadista, sólo ha añadido ganas al PP, Ciudadanos y Vox a alentar a sus parroquias en su salida a la calle y la petición de convocatoria de elecciones.  Veremos su resultado. Mientras, reconocer al presidente su capacidad de llevar al extremo una de las máximas de Groucho Marx: “…esos son mis principios, y si no les gusta, tengo otros”. Presidente: ¡Elecciones ya!


EL EQUILIBRIO DEL TREN: La nueva religión.



En 1931 Manuel Azaña dijo que España había dejado de ser católica, pero no acertó. España posee, aproximadamente, un 70% de católicos. Innegable es que, últimamente ha bajado cuatro puntos, quizá como consecuencia la pérdida de fe, las dudas sobre el papel de la Iglesia, su responsabilidad en ciertos casos de corrupción o el nubarrón que la sobrevuela consecuencia de denuncias por casos de pederastia.
Lo cierto es que la Iglesia ha ido perdiendo progresivamente clientela y con ello el monopolio de la impartición de sacramentos, por lo menos en la forma en que los conocíamos.  Hasta hace poco, los Sacramentos de la Iglesia, Bautismo, Eucaristía, Matrimonio …, eran de obligado cumplimiento y era la Iglesia quien marcaba su ley. Pero, un día, pasó. El primero en caer fue el matrimonio que, con su conversión en civil, disputó a la Iglesia el honor de regular los gananciales y con ello el gusto de colocar flores en los altares, pasando a las concejalías el derecho al arroz y al adorno floral.
Era el primer paso. Sólo faltaba que algún ilustrado cavilase que sobraba depender de la Iglesia para cumplir aquellas tradiciones y osase participar que, sí era posible lo uno, también podía ser posible lo otro. Así surgieron el bautismo civil, la primera comunión civil y lo que te rondaré morena.
En Rincón de la Victoria, bonito pueblo de Málaga, una mujer solicitó al Consistorio de la localidad, una comunión civil para su hija. Laica, vamos. Que reflejase el paso de la infancia a la adolescencia, sin perder el blanco, el cancán y resto de bendiciones. Pero eso sí, sin cura.
Lo siguiente no tardó. En Getafe una concejala del PSOE, ha parido la primera fórmula de bautismo civil, (acogimiento civil, le llama) como alternativa al bautismo, alegando que se trata de dar la bienvenida al recién nacido a la comunidad y a la ciudadanía. Con padres, padrinos y resto de concurrencia de punta en blanco, mientras se leen a un bebé, atentísimo, los derechos que le otorga Naciones Unidas.  Vaya chorrada. Tanto que, tras dos años de la implantación de estos festejos, sólo han celebrado siete “bautizos” y dos “comuniones”.
Y como de una chorrada sólo puede salir otra, a una concejal de Lorca no se le ha ocurrido otra cosa que casar a dos perros, Alma y Dody. No faltó, siquiera, la referencia a la felicidad y el amor mutuo que se había de tener la pareja que, por supuesto aceptaron alegremente, seguramente pensando en el posterior viaje de novios.
Ratifico lo que dice Carlos Herrera cuando afirma que en España no cabe un tonto más.  La Iglesia haría bien en tomar buena nota.


miércoles, 30 de enero de 2019

Venezuela y las elecciones.



El asesor del presidente entró como una bala en el despacho que el presidente ocupaba en su periplo por la ciudad suiza de Davos. - ¿Qué pasa, Iván? -preguntó.  Resulta que el presidente de la Asamblea Nacional venezolana, el señor Guaido, ha tomado el poder y se ha erigido en presidente “in pectore” de los venezolanos.
-Joder, otro marrón -dijo el presidente. Y de alcance. ¿Han dicho ya algo otros países? ¿Hay alguno que lo haya aceptado como presidente? Sí claro, dijo el asesor. Estados Unidos, Canadá, y la mayoría de los países del Grupo de Lima en América del Sur. En contra están China. Rusia, Cuba… ¿Qué hacemos nosotros, presidente? Tranquilo, dijo éste. ¿Qué ha dicho Merkel? Pues lo mismo que Londres y París, contestó el asesor. Que esperarán a una respuesta conjunta de la Unión Europea. Vale, pues de momento, me pones por teléfono con él y mientras estoy hablándole me haces una foto con toda esta nieve y se la mandas a la prensa. Así se va viendo que estamos en términos de resolución del problema. Al señor Guaido le diré que estamos en la línea de aceptar que la democracia brille en Venezuela y que apoyamos acciones de ese tipo siempre y cuando se respeten los llamados constitucionales y el mandato del pueblo, pero que no le apoyamos explícitamente, y a la Unión le proponemos un reconocimiento inmediato de Guaido como presidente.
Al día siguiente, la Unión Europea remitió un comunicado en el que, sin decantarse por ninguna postura oficial, decía que era prematura una decisión de ese calibre, pero que la democracia y los valores constitucionales… -Presidente, volvió a decir el asesor. Este comunicado oficial no nos arregla nada y tendremos que emitir el nuestro. Ha dicho Francia que da un plazo de ocho días para que el presidente Maduro se comprometa a convocar elecciones libres y, en caso contrario reconocer al opositor. Al presidente casi le entra un sarpullido al oír esas palabras. ¿Cómo que convocar elecciones? ¿Pero cómo vamos a decir eso? El presidente echó una mano a la barbilla y pareció estar pensando. A ver: le vas a decir al ministro de Exteriores que defienda que si en un plazo “muy razonablemente corto” no se pone en marcha la convocatoria de elecciones que tengan garantías, entenderemos que no existe la voluntad política de hacerlo y pasaremos a tomar otra clase de decisiones. Borrel defendió sin cortapisas la postura que se le había marcado dando por zanjado el problema diplomático. Aquellas palabras vanas, otorgaban a la aventura presidencial, unos nuevos días de asueto. Davos aun daba para mucho. ¿Dónde tenemos la próxima comparecencia?




lunes, 28 de enero de 2019

Pingüinos y el alcalde de Valladolid.



Resulta que el alcalde de Valladolid, Óscar Puente, en un lamentable ataque de aporofobia (véase aversión y rechazo a los pobres o sin recursos) ha hecho unas declaraciones que venían a pedir más promoción a Valladolid con todo lo que ello llevase consigo, lógicamente incluyendo el probable detrimento que pudiese suponer para el resto de las ciudades de la Comunidad Autónoma.
El alcalde pide más porque entiende que es mejor tener una ciudad fuerte y a evidente distancia de las otras más pequeñas que mantener estabilidad entre ellas. Muy bien. Cada uno debe defender lo suyo y a este socialista no se le da nada mal. Otros lo han hecho anteriormente y no necesariamente de ese partido. Pero no, querido alcalde, como dijo Aristóteles, no basta decir solamente la verdad si no que conviene mostrar la causa de la falsedad y en este caso no tienes razón.
Valladolid es una ciudad ya de por sí muy beneficiada con ciertas ventajas como las que pueda suponer tener allí el Poder Legislativo y el Ejecutivo de la Comunidad, un Aeropuerto útil, Pingüinos, el AVE o ser paso obligado para cualquier destino de Alta Velocidad hacia el sur. Por supuesto, Zorrilla o Delibes.
Las grandes ciudades, y ésta lo es, tienen su propia suerte sin que tenga que venir un vendedor de humo a darles una publicidad que no necesitan.
En los pasados años 2015-2016, por algún motivo, quizá poco justificado, la alcaldía de Valladolid decidió dejar de organizar la concentración motera Pingüinos, sosteniéndose en algún problema ecológico. Treinta mil moteros, con toda la logística que acompañan, quedaban huérfanos de concentración. En ese momento yo pedí, demandé y rogué que Burgos adelantase un paso y se lo trajese para aquí. No hubo interés. Otros sí lo hicieron. Cantalejo en Segovia inició “La Leyenda Continúa” con una reunión que a estas fechas mantiene unos excelentes resultados que pusieron en alerta a Valladolid al haberle quitado parte de su poderío. Pero su suerte hizo que pasados esos dos años haya vuelto resurgido como si no hubiese pasado nada y sin perder un cliente. Alguien dijo que cuando en Valladolid inauguran un quiosco, allí están las cadenas de televisión nacional para dar bombo al evento. Esa ciudad tiene lo que se merece, ello sin ser empañado por las palabras de alguien qué parece pretender que la Comunidad tenga una ciudad y ocho pueblos. Valladolid y las otras provincias de la Comunidad deben tener lo que en justicia corresponda, evitando centralismos asfixiantes que aumenten las diferencias que actualmente ya existen entre ellas.

domingo, 27 de enero de 2019

CUADRADOS.


CUADRADOS
Hay que tenerlos cuadrados, pero bien cuadrados. Eso es lo que parece observando al común de partidos políticos españoles echando todo lo que tienen, en contra del nuevo partido. No es nuevo. Ya ha pasado antes. Más que discutir las condiciones de idoneidad para su alojo en la política española, parece que ven venir a alguien que les ha quitado algo del poder efectivo que tenían anteriormente y además provocando paritariamente tanto signos de rechazo como abrazos de simpatía.
Los partidos no deben olvidar que los votos que ha recibido este nuevo partido son realmente votos antiguos en su mayoría lanzados a la urna por votantes que antes lo habían hecho a otros partidos, aceptando ahora propuestas que los otros no ofrecían.
Se les acusa de “anti-esto” o “anti-lo otro”, sin parar a pensar que en muchos casos no han hecho ni la más mínima referencia hacia otros partidos del arco parlamentario que, en su momento, han colado sus propuestas y que no pasarían la prueba del algodón de la Ley de Partidos Políticos o mucho menos la Ley de Financiación de Partidos.
Aunque pueda parecer discutible, la realidad es que los partidos políticos deben estar en un permanente estado de alerta. En permanente estado de campaña electoral, viendo y tomando buena nota de lo que piden los posteriores votantes. Deben tomar nota en “tiempo de paz”, sobre los intereses de los votantes, viendo que mejoras sociales piden y mostrarles el costo que ello puede llevar. Viendo si el funcionamiento del país se debe sostener en subidas masivas de impuestos o llegar a pactos imposibles para mantener el poder.  Conociendo, en fin, el interés público que pueda tener el mantenimiento de gastos en expensas privadas o sangrías en subvenciones para asociaciones poco merecedoras de tal prebenda. Tal vez sería interesante que se planteasen la urgente necesidad de concluir que la sanidad debe ser igual (no equitativa, sino igual) en todo el territorio nacional. O que la educación no puede pasar por obtener disfunciones según la Comunidad en que se habite. En los posteriores mítines expondrían a su parroquia (no se olvide el voto cautivo no asiste a los mítines contrarios) sus soflamas y programas de gobierno y esos méritos quedarían manifestados en la presumible asistencia.
A la misma hora, PSOE y VOX han dado sendos mítines en Burgos y según los medios de comunicación aproximadamente han asistido más de 1000 personas al primero y casi 1000 al segundo. No tener en cuenta y estudiar profundamente este dato demuestra que, es evidente que los tienen cuadrados, pero que muy cuadrados.

NAVIDAD.


NAVIDAD.

Queridos lectores, familia, amigos, moteros, camaradas, vecinos, facebookers, bloggers youtubers, tuiteros y demás muchedumbre. Aunque pueda parecer presuntuoso por mi parte, quiero hablar en nombre de los navideños. Sí. Aquellas personas que cuando llega el día de Santa Bárbara ya estamos pendientes del día en que encenderán las luces de la ciudad o lleguen las barracas a la Plaza Mayor o pongan la pista de patinaje o la churrería del Arco de San Juan.  De aquellos que todavía felicitamos a postal o cantamos emocionados el “we wish you a merry christmas”. De aquellos que, en fin, todavía nos emocionamos con el aguinaldo solidario de los moteros el día de Navidad.  
La Navidad es esa época del año que hace que a quien más, quien menos, se le cargue de congoja el corazón al oír las penas que cargamos por ser habitantes de este mundo. Estas fechas nos ablandan los corazones y profundizan nuestro sentido de la amistad y la camaradería. Nos felicitamos unos a otros con grandes abrazos y elocuentes frases marcando nuestro júbilo. Por medio de un wasap, expresamos nuestro espíritu navideño con grandes muestras de solidaridad o videos animosos de todo tipo con campanitas y villancicos. Salimos a la calle preparados para imbuirnos de ese marchamo navideño, pero sólo nos incorporamos en la marabunta consumista que acoge estas fiestas y que llena nuestras calles de gente, con el cuello encogido por el frio, rauda y preparada para no volver a casa sin una buena bolsa llena de obsequios o hermosos paquetes de regalos.
Mientras, la Navidad en la tele, nos envía los consabidos anuncios de juguetes o los excesivos de colonias, a la gente de a pie nos trae la escasa iluminación, los villancicos cantados bajo el frio burgalés en la Plaza Mayor, los mercadillos navideños o la moda de las cenas de trabajo o comidas de antiguos colegas.
En otros tiempos, una Navidad más tradicional, más emotiva, nos hacía ver las cosas de otra manera y a partir del diez de diciembre ya cantábamos villancicos a voz en grito, anunciando la inminente llegada de estas fiestas. El día 23 ya cantábamos aquello de “mañana es nochebuena, pasado Navidad…” y el 24 animosos decíamos “hoy es Nochebuena, mañana es Navidad…”, luego el gusto por el primer turrón o su “…vuelve a casa, vuelve…por Navidad”. ¡Qué tiempos aquellos! Algo se ha perdido mucho, pero lo que debe perdurar es que la Navidad y su compañera Nochebuena son las fechas adecuadas para recordar a los que ya no la podrán pasar con nosotros.  Feliz Navidad a todos.



21/12/2018.


21/12/2018.

Sí. Esta es la fecha en que Pedro Sánchez se ha planteado, atrevido, osado, trasladar a su Consejo de Ministros desde su placentera ubicación en el Congreso de los Diputados a la Casa Llotja de Mar de Barcelona. Lugar todavía con posibilidades de no ser el definitivo.  
Sánchez, a quien, desde algún punto del Parlamento, le habían apretado fuertemente las partes, ha pedido una reunión con Torra, pretendiendo llegar a Barcelona como si se tratase de un Papa Noel adelantado, llevándole incluso regalos en forma de dinerillo, mejoras en pensiones o ventajas fiscales, pero éste no muy convencido de las bondades de tal reunión, ha declinado la invitación, diciendo que no es una visita “muy conveniente”. Las opiniones sobre la oportunidad de tal convocatoria o su relevancia política o, la más preocupante, sobre las condiciones de seguridad del acto, no se han hecho esperar. Tres cuestiones parecen fundamentales a la hora de evaluar esa decisión. La primera sobre la relevancia política de montar un Consejo de Ministros fuera de Madrid. Parece del género “perogrullesco” que el jefe de gobierno español puede declarar de interés para la nación o para cualquiera de sus partes que el Consejo se celebre en tal o cual sitio y por supuesto, es evidente, que cualquier parte del estado está en el mismo derecho de albergar la cuna de la democracia y del estado social y democrático de derecho. El Gobierno español puede ponerlo dónde le dé la gana porque España es toda ella una, grande y libre. Por lo que, por ahí, acertado. Por otra, la cuestión meramente económica. La que entiende la gente de la calle. ¿Cuánto costará esa genialidad presidencial? ¿He oído 300.000€? Marlasca ha dicho que va a mandar 5.000 policías y guardias civiles para apoyar a los 17.000 mozos y completar el dispositivo de seguridad. Buff. Parece mucha policía y con ello mucho gasto.  
Y, en tercer lugar, la evidente situación de peligro ínsito en la situación política que se vive en Cataluña. Los llamados comités “cdr” han llamado a la batalla, ostentando como enseña que el estado debe recular como sea, pretendiendo incluso asaltar el parlamento catalán o anular el juicio del “proceso”. Es evidente que para controlar eso, las fuerzas policiales deberán hacer algo de fuerza. Además, que haya sido el honorable presidente quien ha llamado a la guerra, desaconseja o por lo menos plantea dudas sobre la conveniencia de su mantenimiento. En fin. De concluir, decir que cualquiera de las provincias de Castilla y León estaría orgullosa de ser titular de la constitución de un Consejo de Ministros en sus ciudades, pero…, no sería tan emocionante.

MILITARES Y CONSTITUCIÓN.

  Escucho en foros políticos y mentideros de tertulianos, glosas de las virtudes de la ministra de Defensa Margarita Robles. Algunos la su...