sábado, 19 de septiembre de 2020

Casado y la procastinación.

Allá por el verano de 2015, y tratando el tema de la procastinación, en esta misma columna escribí que, el ahora expresidente Rajoy era un procastinador de tomo y lomo, entendiendo por procrastinar el retrasar sin causa, el diferir o dilatar o dejar de hacer lo que realmente debía hacer y, en su lugar, hacer lo que no habría por qué hacer. Era una mera consecuencia del derrumbe sufrido por su partido como consecuencia del resultado de los comicios de mayo, cuando se vio que toda la organización y él, el primero, habían fallado en cercanía, explicaciones y comunicación con los ciudadanos.

En aquel mismo artículo cité a un joven portavoz de campaña llamado Pablo Casado, en esos momentos un imberbe que acataba apresuradamente las disposiciones de Esperanza Aguirre y del que aseguré que su cara pronto daría mucho que hablar.

Así ha sido y cinco años después Casado es el gran jefe del principal partido de la oposición, líder de la derecha y amo y señor de todo lo que sucede en el Partido Popular. Desde sus inicios, su principal leitmotiv ha sido solucionar los grandes problemas que atenazaban a la derecha española, la regeneración del partido y su acercamiento hacia el centro político para poder empujar al PSOE y a Podemos hacia su lugar en la izquierda, ello sin olvidar la pandemia, la crisis catalana, los pactos electorales, los apoyos para formar gobierno, la nueva modernidad del partido o contrastar a su manera el acérrimo feminismo de la izquierda, ambicionando que el PP perdiese el marchamo de partido light.

No ha podido ser. La derecha de Casado procastina igual que la de Rajoy y sus deberes no acaban de cumplirse de la manera esperada por sus votantes.

Ni siquiera el desparpajo y desenvoltura de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP en el Congreso, ha sido suficiente para llevar al Partido por una nueva senda de modernidad. En cuanto ésta ha cuestionado al Partido, a la oposición o la pandemia, el miedo a ser llamado facha o heredero de la dictadura le ha sumido en una especie de mansedumbre que ha llevado consigo su destitución. Supongo que con eso habrá pretendido girar al partido hacia el centro político, aun a costa de perder a sus votantes liberales o a los conservadores más acérrimos que posiblemente harán engordar a Vox, que ya dispone de 52 diputados.

Estaba claro que Rajoy procastinaba, pero Casado se ha quedado en un admirador de la marmota Phil en Punxsutawney a la espera de que salga de su cueva y diga si la primavera llegará pronto o si el invierno todavía durará más tiempo.

jueves, 10 de septiembre de 2020

TÍTULO DE COLUMNA: EL EQUILIBRIO DEL TREN. PANDEMIA EN LAS AULAS.


Septiembre siempre ha sido un mes que nos despierta del sueño veraniego y nos abre una perspectiva de la vuelta a la normalidad.  El curso político, el escolar o la llegada del otoño son parte de ella. Pero este año, el covid, el largo confinamiento y la desescalada han modificado nuestras rutinas y hemos conocido nuevos factores.

Las mascarillas, que han venido para quedarse, las medidas de distanciamiento insuficientes o las vacunas que no acaban de llegar han redundado en una gran decepción con el gobierno de turno. Quizá los veintitantos ministros, cuatro vicepresidentes, no sé cuántos secretarios generales y demás mandanga, sean insuficientes para hacer frente a los coletazos, perdón rebrotes, de esta repelente pandemia, pero las pocas medidas tomadas, han resultado en su mayoría estériles. Bien es cierto que buena parte, consecuencia del poco rigor que ponemos los administrados en cumplir las normas.

Lo cierto es que no vamos a mejor y ver cómo, unos a otros, se tiran los trastos a la cabeza o se pasan la pelota no mejora las cosas. Ni siquiera el permanente lanzamiento de globos sonda o hacernos perseguir zanahorias para perder la vista de la realidad, lo arregla. El justiciable mira sin saber que hacer, cuando la solución a los grandes problemas entre diferentes Administraciones se resume en la delegación. El gobierno en las Comunidades Autónomas y éstas en los Ayuntamientos.

Véase, sin ir más lejos, el cuándo y cómo comenzarán las clases. Es un hecho que los colegios españoles no están preparados ni cuentan con espacio suficiente para mantener las medidas de seguridad acordadas por el Gobierno de turno. Han pergeñado infinidad de soluciones: clases online turnadas con presenciales, grupos de alumnos en tiendas de campaña en los patios o vaya usted a saber. Poco resultado.

Mientras los ministros de Educación o Universidades están desaparecidos, me han planteado una solución que seguramente sea acertada. Si los empresarios han resuelto el problema de la proximidad con mascarillas y mamparas, pues hagamos lo mismo y pongamos tres mamparas en el norte, este y oeste de cada pupitre donde se siente un chaval.

¡De dónde sacaremos el dinero para eso! dirán los políticos, tremendistas. Bueno, evitando polémica y salvando respuestas mucho más traumáticas, se me ocurre qué en todas las ciudades y pueblos del país se han cancelado fiestas, cabalgatas, marchas, carrozas, patronas, desfiles…, festejos, en fin, que daban lugar al recibo de la oportuna subvención o expendio por parte de la Administración pertinente y que este año se ha ahorrado. Que mejor destino para ese dinero que en la seguridad de los alumnos. Supongo que ese dinerillo no utilizado en esos eventos habrá quedado debidamente controlado ¿o no?

MILITARES Y CONSTITUCIÓN.

  Escucho en foros políticos y mentideros de tertulianos, glosas de las virtudes de la ministra de Defensa Margarita Robles. Algunos la su...