martes, 14 de marzo de 2017

POR ELLAS

Lo cierto es que el whatsapp es lo que tiene. Te mantiene informado de cualquier evento por medio de la, hoy en día, conocida técnica de aburrirte con sus constantes pitidos, cancioncillas o silbidos. Este año me ha avisado con prontitud y orden de la celebración del Día Internacional de la Mujer.  Recibo un meme que representa de manera muy fiable lo que se pretende simbolizar con el desarrollo de este evento. Se ve un pollito con un lazo rosa en la cabeza y con una de sus patas montada encima de un huevo y aparece una leyenda que dice: “por muy gallo que sea el gallo, la gallina siempre será la de los huevos”. Cierto totalmente. Pero ¿aplicable? Lamentablemente no.

Desde el 08 de marzo de 1975 se viene celebrando este día que se preña de manifestaciones y concentraciones de mujeres en las que se reclaman mejores condiciones laborales y personales, condiciones éstas que las mujeres deben ganarse a pulso y que a estas fechas no parecen precisamente consolidadas.
Exigen igualdad salarial -mismo salario por el mismo trabajo- en el mercado laboral para mujeres respecto de los hombres, se protesta para pedir el final de la discriminación por razón de sexo u otros actos machistas denunciados por numerosos colectivos, se grita, en fin, para dejar de quedar en casa con la pata quebrada o siquiera para conseguir recuperar un respeto que se ha perdido. Está bien, pero ¿quién grita? Lo siento: una minoría muy frágil. No quiera parecer que la mayoría que no asiste a estas manifestaciones de apoyo a la mujer están en contra de reclamar la igualdad para la mujer trabajadora, no. Seguro que no. No obstante debemos aceptar que las manifestaciones no son para todos.

La historia nos ha repetido que los hombres, los varones, habían sido quienes habían llevado adelante aquellos antiguos dogmas, pero el paradigma de que el hombre es el que lleva a casa el condumio y que la mujer debe quedarse en casa ha pasado a mejor vida y si no es así, debe pasar cuanto antes.
La realidad de aquellas mujeres, madres, muchas de ellas trabajadoras fuera de casa, todas ellas sufridoras, que nunca han dejado de amparar, cuidar, cobijar, sufrir… los designios familiares ha dado pie a una leyenda de poderío del hombre sobre la mujer que debe ser proscrita. La creencia que ellas significaban el complemento perfecto para los machos ibéricos, en casa fregona y en la calle con su mejor vestido y el ojo pintado, debe ser  revocada y extinguida.

Las nuevas tendencias culturales han dado vuelta a muchos de los dogmas que se traían aprendidos de otras épocas y nos han recordado que hay dos géneros difícilmente equiparables, sin que ninguno esté por encima del otro, más allá de sus propias diversidades. Ojalá algún día lleguemos a constatar que las diferencias han quedado meramente en las fisiológicas.
Lamentablemente ha habido que regular para que ellas no quedasen atrás. Se han debido crear y desarrollar leyes de cuotas para situarlas en el puesto que merecen. ¿Vale esto? Sí, pero como mal menor. Bien está que se celebre este día conmemorativo, pero el reconocimiento que se le debe dar a la mujer no debe ser tan minimalista. El hecho cierto de que se haya llegado a mujeres que han alcanzado escalones de lo más alto: jefas de estado, militares, médicas, abogadas, amas de casa, paradas…igual que hombres, ha hecho que las legislaciones estatales se hayan relajado.

La regulación estatal no debe contentarse con esto y perder de vista que todos los años mueren (en España) muchas mujeres como consecuencia de violencias de género que, aunque no debían existir con ese término, así es. Los partidos, sindicatos, asociaciones, todos los que puedan estar afectados, deben unir sus esfuerzos para que, por lo menos, se pongan todos los medios posibles para evitar esta lacra. No puede ser de otra manera.


Desgraciadamente, siempre habrá quien trate de escudarse en una definición de sexo débil que nunca debió existir o en el mito de la mujer objeto o la despectivamente llamada  mujer florero. La visión de las mujeres bañadas en champan cuando finaliza una carrera de coches o de motos, o la parafernalia de la Pedroche en las campanadas de fin de año no ayudan demasiado a mejorar esa actitud. Exijamos que se eviten estos postureos y procederes. Así sea, ellas se lo merecen. Al resto, recordarles la primera estrofa del pasodoble Suspiros de España, que la simpar Estrellita Castro paseó por todo el mundo: “Quiso Dios con su poder fundir cuatro rayitos de sol y hacer con ellos una mujer” 

lunes, 13 de marzo de 2017

Nunquam Minerva partea Palas Capítulo dos. La cafarna.

En un momento habíamos acabado el desayuno. ¿Y ahora qué? Se preguntaban unos y otros. Uno de los más bregados en veteranía levantó las manos como si del Papa se tratase y atrajo el silencio a su lado. 
-A ver, pollos. Ahora saldremos del comedor y os dirán que vayáis corriendo a la Compañía donde, alguno de esos jodidos CASEP os gritará al oído para que entendáis las cosas. Luego se avisará de que quien esté enfermo o lesionado puede anotarse en el libro de reconocimiento y será llevado al Botiquín para que le vean los médicos.
-¿Y tú como sabes tantas cosas? -Preguntó uno de los más piolines de la mesa.
-Yo...,es que soy Perdigón. –contestó el veterano con cara de suficiencia.
-Coño ¿y qué es eso de Perdigón?, –dijo un tercero -¿algún tipo de titulación de esta Academia?
-No. Yo estuve ya el año pasado aquí y ahora estoy repitiendo curso.
Le miramos como si fuera un superhéroe, veíamos en él a aquel hombre curtido en mil batallas que llevaba barba de dos días y los pantalones de faena mucho más claros que los demás.
-Por eso conozco al dedillo toda la coyuntura de este sitio.
-¿Pero quién va a estar enfermo? Si sólo llevamos aquí dos días. –repitió el pipiolo.
El veterano metió la mano en uno de los bolsillos del garbanzo, de donde sacó algo parecido a una ramita con la que se hurgó en los dientes con habilidad digna de un experto. Puso cara de entendido y después de repetir un par de veces algo parecido a mmmm, miró uno a uno al resto de los comensales y bajando la voz, comenzó a explicar que no había que estar grandemente enfermo para ir a reconocimiento. Que era suficiente con tener un ligero dolorcillo o molestia, aunque no fuese muy severa.
-Pero, si no estás enfermo, ni te duele nada ¿De qué vale apuntarse al reconocimiento?–inquirió el pipiolo.
El veterano volvió a mirarlos y chasqueó la lengua un par de veces.
-Joder, parecéis tontos, además de nuevos. Mientras estáis en reconocimiento médico no estáis en otro sitio.
Todos recibimos aquella explicación como un haz de luz en nuestra atribulada cabeza. Aparentemente, habíamos entrado de golpe en el mundo de la veteranía. Había nacido la cafarna.
Aquel nombre poco técnico y sin lugar en diccionario alguno, tenía fuerza suficiente para representar a la perfección aquella clase de proceder. Alguien mandó ¡en pie! y luego añadió algo parecido a ¡a formar delante de la Compañía!
Las instrucciones fueron concretas. Ahora se va a proceder a tomar nota de aquellos que quieran apuntarse al reconocimiento médico.
-¿Alguien quiere apuntarse a reconocimiento médico? Que levante la mano.
Más de treinta manos se levantaron de repente y mantuvieron aquella postura mientras uno de los CASEP les miraba como estudiando sus caras y esperando que aquella mirada fuese suficiente como para hacerles desistir de su actitud. Nadie bajó la mano. Aquellos alumnos parecían durillos. El CASEP tosió un par de veces, carraspeó y se aclaró la garganta.
-El reconocimiento médico es voluntario, por lo que todos aquellos que tengan enfermedades gravísimas o incurables, dolores insoportables o carezcan de la más mínima vitalidad, pueden apuntarse al reconocimiento médico. Todos aquellos que consideren que no van a alcanzar con vida la hora de la comida, pueden apuntarse a reconocimiento médico. Todos aquellos caguetas, escaqueadores, acojonados, pusilánimes en una palabra, que crean que su cuerpo no va a resistir la instrucción de hoy o que consideren que estando enfermos van a estar mejor que haciendo un buen orden de combate, pueden apuntarse a reconocimiento médico.
No había finalizado la perorata cuando más de la mitad de las manos en alto habían desaparecido. El CASEP sonrió para sus adentros e inmediatamente cambió la cara por un rictus de cabreo dirigido a aquellos otros que se habían mantenido en su digna postura.
-Salgan de formación los de la cafarna.
Mutis.
-Cojones. No se han enterado, ¡salgan de formación los de la cafarna!
Poco a poco se fueron dando por enterados los de las manos en alto y fueron saliendo de formación los menos de diez atrevidos que quedaban con el brazo en alto.
-Vamos. Forme ahí la cafarna. Luego miraré cuales eran sus dolencias y justificaciones.
Dos más escaparon de la formación de reconocimiento.
-Vamos. El Cabo Cuartel que se lleve a la cafarna antes de que les dé un vahído o nos vayan a vomitar el desayuno. O lo que es peor. Quizá se nos maree alguno antes de llegar al médico y tengamos que abrir el protocolo de evacuación para las pandemias.
Y el resto que cojones mira. Firmes. Ar. Izquierda. Ar. ¡A tierra!
Los de la cafarna, soltaron una risilla por lo bajini viendo como los otros doscientos comenzaban sus flexiones…

martes, 7 de marzo de 2017

BURGOS Y LOS CISNES.


Me hablan de un libro de temática juvenil titulado “El patito que nunca llegó a ser cisne” de David Calvo y que a diferencia del cuento infantil de Christian Andersen deja la puerta abierta a otros finales. Esta triste introducción me ha hecho ir a las noticias de los últimos días sobre la ciudad y su semejanza con aquel cuento en que un pobre pato se acaba convirtiendo en un precioso cisne. Ojalá. Pobre Burgos. ¿Qué tenemos? Habíamos pensado que Burgos era referencia estatal en atención a personas con enfermedades raras con su CREER, pero la realidad es que lo tiene Salamanca con su Unidad de diagnóstico avanzado de enfermedades raras.
Fomento se gasta hasta quince millones de euros en los aeropuertos de Valladolid, León y Salamanca y para Burgos, nada. El aeropuerto de Burgos que se inauguró a bombo y platillo y que a su inicio obtuvo unos resultados similares, sino mejores, a los del resto de los aeropuertos de la Comunidad, ahora no tiene ni viajeros ni carga y por supuesto sigue sin la necesaria pista que admitiría las condiciones para poder despegar aviones de más calado que unos meros aviones de vuelo chárter.
La circunvalación de Burgos ha tardado más de 30 años en cerrarse. El AVE que no acaba de llegar ya sea por la Y vasca o por el parto de los montes. Se organiza el evento Devora 2018 pero los empresarios de la Federación de Hostelería se desligan de él, cargándose el evento de promoción vinculado al sector hostelero "Devora es Burgos". Tenemos un Hospital Universitario sin Universidad de medicina o por no hablar del fiasco de la capitalidad de la cultura 2016, que todavía colea. Y encima el mal tiempo.
Se me ocurre que podríamos haber aprovechado la coyuntura y habernos hecho con los Pingüinos cuando salieron de Valladolid, pero por lo que fuese, no interesaba o los mandatarios capitalinos no fueron lo suficientemente hábiles como para poder hacerse con un evento de esa magnitud. Ahora ya no hay nada que hacer. Ha vuelto a Valladolid. A este paso no vamos a hacer pie ni en la ducha. ¿Quién le pone la pierna encima para que no levante cabeza? Cualquiera diría que una mano negra tiene a esta ciudad agarrada por sus partes.

De siempre, Burgos sido cabeza de Castilla, pero con eso no se come. Para estar ahí hay que quererse más y hacer que todo aquello que se plantee sea posible y además pueda llevarse a cabo.  No dudes. Lo tienes todo. Cierto es que no siempre los patos se convierten en cisne, pero como dice el libro que encabeza, te pareces a la más bella pato de este puto estanque. 

domingo, 5 de marzo de 2017

Nunquam Minerva partea Palas. Capítulo uno. Balbuceos.

El segundo día comenzó como empiezan los grandes acontecimientos: con estallido de cohetes y grandes fuegos de artificio.
-¡¡¡Diana!!! ¡Vamos, en pie, gandules! Que habéis dormido más de la cuenta.
Aquellos gritos aterradores entraron en nuestras cabezas como un estilete pudiera haber entrado en un trozo de carne. Como podía darse semejante chillido en un sitio cerrado donde todo el mundo previamente estaba dormido y además a las seis y media de la mañana. Qué remedio. Los ojos se abrieron de golpe y la visión de aquellas paredes, todavía desconocidas no hizo más que complicar las cosas. -¡Arriba! ¡Arriba! A formar en la puerta de la Compañía. ¡Como estéis! En pijama o en calzoncillos. ¡Rápido!
-¿Cómo? –se oía por allí.
-Igual que ayer –dijo uno que al parecer estaba más enterado.
Finalmente se pudo lograr una mediocre formación, ello no después de que los CASEP hubieran tomado buena nota de los retrasados, que posteriormente pasarían buena parte de la tarde limpiando los jardines cercanos a la Compañía.
-Firmes. Ar. A cubrirse. Ar. Levantamos el brazo izquierdo hasta el hombro del que tenemos delante. –repetían los CASEP
Algunos, por experiencias anteriores conocían la terminología que estaban oyendo. El resto copiaban lo que hacían estos. Los veteranos aprovechaban su veteranía para aparecer como aventajados ante los que no habían hecho una formación en su vida.
El espectáculo era lamentable. Casi doscientas personas mirándose unos a otros esperando que pasase algo o que alguien pusiese orden en aquel desbarajuste. Poco a poco se fue consiguiendo una formación medianamente moderada y con ello pareció que el furor de los CASEP decayese lo suficiente como para hablar sin parecer unos energúmenos. Una voz sobresalió en el silencio que se había creado al finalizar la formación.
-Tranquilos. Estar atentos. Al finalizar esta formación tendréis veinte minutos para asearos, hacer la cama y a continuación se formará para ir al desayuno.
Aquella voz pacificadora sonaba lo más parecido a una voz maternal que, en aquellos momentos, quien más quien menos, echaba de menos. Luego supimos que se llamaba Pepe y por lo visto debía ser el más antiguo de los CASEP.  Se dio la vuelta y dejó al segundo al mando que disolviera aquella primera formación.
-Atentos. Firmes. ¡Ar!
Los alumnos esperaban un ansiado ¡rompan filas!, pero lo único que ocurrió fue que aquel segundo ungido por el mando que se le había conferido, continuó en la línea que luego perduraría durante todo aquel año académico.
-Oblicuo izquierda. Ar. Cuerpo a tierra. Ar. Flexiones. Uno, dos, tres…
Esa parecía ser la tónica general de las mañanas. Ganarnos el desayuno. Veinte minutos después estábamos en la Compañía utilizando a toda prisa, los pocos minutos que nos quedaban para asearnos y demás. Imposible conseguir aquella proeza. A la hora en punto, allí estábamos todos formados en cuesta arriba, preparados para subir al desayuno.

La formación se disolvió de manera ordenada al entrar en el comedor y nos fuimos quedando en los bancos corridos que había en cada mesa. Allí estaban colocadas las viandas que habíamos de desayunar ese día. Inmediatamente alguien dijo ¡siéntense! Y vertiginosamente nos tiramos hacia ellas. Alguien cogió la jarra de leche hirviendo y comenzó a servirse.
-Yo que tú no me tomaría ese café con leche si no quieres tenerla como una lombriz todo el año. El bromuro ataca inmediatamente.-le espetó un veterano.
Éste soltó la jarra como si ardiera, hasta que se tranquilizó al ver que todo el mundo se tomaba su café. Un veterano a su lado se escanció café en la taza y le miró con comprensión. –De algo hay que morir. –le dijo.
Aquella leyenda pervivió y seguramente pervivirá en los tentaderos militares por los siglos de los siglos. Sin embargo, la verdad es que lo único que hacía encoger aquella parte de la anatomía era el contexto en que se vivía, pero lo cierto era que al principio, recelosos, notábamos como que fuera cierto.
Con los años, conocí un teniente jefe de una sección de radar de Artillería de Costa que decía que la antena del radar dejaba impotentes a los operadores. –A mi plim –decía- ¡yo ya he cumplido!

Después del desayuno las cosas comenzaron a mejorar. No tardando nos avisaron que enseguida llegaría en toque de segunda parte de oración y con ello el reconocimiento médico al que se podían apuntar todos aquellos que estuviesen enfermos o padeciesen de alguna dolencia. 

martes, 28 de febrero de 2017

CARNAVALES BURGALESES.


Cualquier día sales a la calle y antes de cerrar la puerta miras la temperatura. Cinco grados, no está mal. Se ve que este año con lo de los de la Casa Andaluza dando el pregón, San Matías no nos podía fallar y nos ha dado una tregua. Que va a ser eso de que en Almería o Málaga haya más de 20° y se pueda salir a la calle en carnavales disfrazado y enseñando el palmito. Este año hemos tenido sol y aun así para salir nos hemos abrigado y hemos paseado arropados por la Paloma. Es lo que tienen los carnavales en esta ciudad, siempre hay que andar buscando lugares cerrados donde se pueda hacer el alterne. Pero este año, por fin no ha hecho falta. Nos lo merecíamos.
Sin embargo, de repente, sin avisar, se mecen las hojas de los árboles del Espolón y una breve brisa te levanta el flequillo. Ya empezamos. Pero da igual, nos vamos a la Plaza Mayor, al ambiente. En poco tiempo lo que parecía nada más un aviso se convierte en amenaza y la gente empieza sacar los gorros y ponerse las capuchas. Ya vamos todos iguales, ahora estamos todos disfrazados…de finlandeses.
Llegados a la Plaza Mayor, los que más bronca meten son unos disfrazados de oveja con chalequito de borrego y forro de lana con borras a juego. Nos ha jodido. Así se disfraza cualquiera. Los temblores del speaker dando el horario de las fiestas de carnaval nos advierten de que la cosa no ha hecho más que empezar y para más inri, los de los tambores se meten bajo los arcos del Ayuntamiento. No hay un sitio donde corra más el aire en toda la ciudad, pero como ellos están dándole al bombo pues no padecen del frio y las corrientes que pasan por allí.
Recuerdo un año que el Ayuntamiento había contratado a un grupo de brasileñas que debían hacer unos desfiles por la zona centro con idea de animar la fiesta. Hacía tanto frío y las pobres llevaban tan poca ropa para la ocasión que, detrás de ellas, iba uno de sus managers dándoles caldito caliente y alguna bebida con calorías para pasar el mal rato.

Pero bueno, el burgalés sigue al pie del cañón. Me río yo de los carnavales de Cádiz o de Río. Y, paciencia que el Ayuntamiento ha puesto el entierro de la sardina a las once de la noche de hoy martes. Nos van a dar los siete males pero,…allí estaremos. 

Nunquam Minerva partea Palas. Capítulo cero. La llegada.

No habían pasado ni dos minutos cuando aquella cara me miró y me preguntó si estaba atontado. Luego supe que aquel energúmeno era lo que llamaban un CASEP: Caballero Alumno Sargento Eventual en Prácticas.
-Corran, corran.
Eran las dos palabras más repetidas y sonadas de aquel primer día en el que después de un periplo de más de 20 horas de tren nos parecía estar en otra galaxia.
-¿Para qué? - Nos preguntábamos todos. -Si sólo son las dos y ya hemos comido.
No tardando apareció por allí otro militar. Más recio, más señorial, pero por fin una cara amable. Los CASEP, ahora con más ímpetu, gritaron a todos lados: atentos, firmes, ar…, pónganse bien, miren al cielo, al primero que se mueva me lo follo, a ver aquel de allí, el de la melenita, luego me da nota…
-A sus órdenes mi Sargento, no hay novedad…
-Continuar…
Primero se nos dijo que sí nos llamaban por el primer apellido contestásemos con el segundo. Luego que olvidásemos el nombre, que eso era para la calle. Otro de los tópicos del primer día: olvidarnos de la calle. Eso se hace en la calle y cosas por el estilo. ¿Qué era aquello de la calle que no se podía hacer en aquella Academia? Y ¿qué calle?
-Van a tener un descanso de un minuto para deshacer la maleta, antes de ir a cenar.
Un temerario, osó preguntar al CASEP más cercano por el menú que íbamos a tener en la cena. Los cuatro gritos seguidos que el CASEP rugió a escasos dos centímetros de la oreja del alumno fueron suficientes para que éste pareciese descomponerse con la vibración.
-Caballero, Caballero…
Todos mirábamos para todas partes para ver a quien llamaban y sobre todo para ver a quien llamaban de aquella manera.
El aprendizaje comenzó a frotamiento duro. Al día siguiente nos levantaron las 6:30. ¿Para qué? Sí no había nada que hacer, no teníamos botas, ni ropa, ni nada que hacer más que estar allí, pero aun así salimos a la calle con paso cansino cada uno con el pijama que se había traído de casa o algunos incluso en calzoncillos.
-¡Vaya mierda de uniformidad que llevan ustedes!
No habían transcurrido ni quince segundos cuando el CASEP más cercano mando oblicuo izquierda, cuerpo a tierra y flexiones: cíen flexiones. ¡Vamos gordos! Repetían ¡Flojos! Son ustedes unos apáticos pero eso lo vamos a arreglar aquí en poco tiempo.
Aquel primer desayuno lo engullimos con un ansia estremecedora y eso que fue la primera ocasión, de entre muchísimas más, que tuvimos para coincidir con el zumo de ocho vegetales. Comer, comer, comer esa era la enseña de aquel primer día. Hambre. Café con leche –el bromuro venía incorporado- dos chuscos, galletas María, una loncha de mortadela, mantequilla y el famoso zumo. Que rico todo.
Llegados de vuelta a la Compañía con la barriga llena y teniendo en cuenta que eran poco más de las siete de la mañana, se nos hizo correr como descosidos durante casi una hora dado que, era la única forma de que aquellos flojos bajasen todo lo que se habían comido de más.

Al poco rato se nos explicó acertadamente que debíamos proveernos de una libretita y un boli donde pondríamos una serie de datos personales y apuntaríamos aquellos desbarajustes que hubiésemos perpetrado. La primera semana, los arrestos a jardín. Luego, de repente, surgió él ”deme nota, Caballero”, que con una somera explicación acababa en la inteligencia de que era algo sacrosanto. ¡No se le ocurrirá a ninguno de ustedes dejar de entregar aquella nota que se les haya pedido! El CASEP levantaba el dedo índice y señalando hacia el común de la formación decía: ¡les conozco a todos!
-¡A la carrera!

No había tres palabras más oídas y que más daño hicieran a nuestras pobres neuronas, poco acostumbradas a semejante trajín. El siguiente día nos darían el primer petate y nos explicarían cuatro generalidades, que poco a poco resultarían ser los dogmas de fe que debíamos cumplir día a día en aquella Academia. 
La primera noche no hubo manera de dormir, pero con el paso de los días comenzamos a apreciar el poder acostarnos en aquel camastro embutido entre dos taquillas que sólo verle hacía que se te hiciese la boca agua y te llamase para que te tendieses en él, no tardando en dormir a pierna suelta.

martes, 21 de febrero de 2017

CLAUSULAS SUELO.


Resulta que el artículo 118 de la Constitución Española dispone que es obligado cumplir las sentencias y demás resoluciones firmes de los jueces y tribunales, así como prestar la colaboración requerida por éstos en el curso del proceso y en la ejecución de lo resuelto. Recientemente, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea ha revocado la sentencia del Tribunal Supremo de 9 de mayo de 2013, que obligaba a los bancos a devolver el dinero indebidamente cobrado por las cláusulas suelo desde esa fecha, por otra que obliga a los bancos a devolver todo el dinero cobrado indebidamente desde la fecha de la constitución de la hipoteca.
Las cláusulas suelo que en principio pudieron ser un intento del sistema bancario para mejorar las condiciones de los suscriptores de una hipoteca, ha sido finalmente un objeto de lucro para las entidades bancarias que, después de haber sido rescatadas con dinero de todos los españoles, han pretendido seguir con el engorde que suponía tener cogidos a los prestatarios por sus partes pudendas.
Para aquellos no versados en el marasmo de terminología bancaria que nos persigue, explicar que cláusula suelo es aquella estipulación que tiene la gracia, en determinadas circunstancias, de poner un techo por arriba y también por abajo del tipo de interés contratado. En castellano: si el Euribor sube del 12%, usted no se preocupe que todo lo que exceda lo asumirá el banco. Una de buenismo. Y por abajo no se preocupe usted tampoco porque el tipo de interés jamás bajará del 3%, estaríamos locos. Todo ventajas.
Resulta que ha pasado. El Euribor está en el 0% y bajando y ahora la banca (ciertos bancos) aferrados a la teta que suponía tener unos ingresos macizos por cada hipoteca, se niegan a devolver las cantidades cobradas indebidamente (de más que diría el castizo), incumpliendo las sentencias de esos altos tribunales, poniendo como disculpa el mercado, el IPC, el índice de no sé qué, o la economía mundial. No Señores bancarios. El que pierde paga, como dice el refrán, y ustedes han perdido. Ahora deben cumplir lo marcado en la Constitución Española y devolver la paz a los ahogados hipotecarios. Lo contrario, amén de otros problemas que pudieran surgirles, supondría perder fama, honor y prestigio bursátiles, además del otro

Por ello cuanto antes se arregle esta situación, antes podrán empezar a revisar sus condiciones hipotecarias y dar lo suyo a quien es acreedor de ello. Eso evitaría que los tribunales tuviesen que volver a entrar a meter los dedos en las condiciones bancarias, remediando sentencias como la que obliga a las entidades bancarias a devolver los gastos que han cargado indebidamente a los prestatarios por la mera constitución de la hipoteca. Pero eso, queridos lectores, será motivo de otro artículo.

domingo, 19 de febrero de 2017

A BEBETO, MAURO, FRAN…


Recuerdo hace muchos años, muchísimos ya, que mi padre llegaba a casa los domingos por la noche recién salido del fútbol con un cabreo tremendo y diciendo que una vez más había habido gente rompiendo el carné de socio del Deportivo. En aquellas fechas era muy normal que aquel equipo que llamaban ascensor diera tardes de más bien poca gloria a los sufridos hinchas que aguantaban las embestidas del temporal que se montaba en Riazor todos los domingos.

Pero aquello un buen día cambió, y se pasó de un equipo mediocre y fondón al Superdepor, una bomba incendiaria al que todos los equipos de la división temían y con el que ya se hacían apuestas para ver a quién le metían más o menos goles.  Cualquiera podría pensar que se hicieron inversiones multimillonarias o que se compraron grandes cracks. No. Aquel equipo se nutrió de jugadores cuya calidad era indudable, pero que no habían logrado grandes triunfos individuales. Muchos de los jugadores que estuvieron en aquellas temporadas no pasaban de ser buenos jugadores venidos a menos y que en el ocaso de su carrera pasaban a engrosar las filas de un equipo en que, una vez depurado por los brebajes del brujo, volvían a ser conocidos en el argot nacional futbolero. El mérito de aquella ocasión no fue de un jugador concreto. Triunfaron como equipo.

Cierto es que Bebeto se destacó en el Depor como un gran delantero que marcó goles a todos los equipos de aquella liga. Cierto es que pocos centrocampistas han dejado tan buen sabor de boca en un equipo como puedo dejarlo Mauro y más cierto es que el resto de la plantilla encabezados por un soberbio Donato o el recordado Fran le dieron una vuelta a unas temporadas que ahora casi, 25 años después, todavía se recuerda cómo las de Superdepor. Cómo os echamos de menos.
Así fue que aquellos nombres se convirtieron en grandes nombres de un equipo que, aun hoy en día, todavía recordamos de memoria muchos de aquellos que pasamos horas esperando que volviera el domingo para poder ver a quién le ganábamos esa semana.

La ciudad se lo merecía. Habían sido muchos años subiendo y bajando en cada temporada sin hacer mucho más que un trabajo mediocre, aguantando fríos, vientos y temporales de todos los colores para salir del campo con resultados de poco más que empates a cero.
Ahora, en la época tecnológica, con un campo reparado y con cuatro gradas de lo más vistoso volvemos a unas épocas oscuras en las que, a pesar de que no se rompan carnés, se están rompiendo corazones. 

Dirá la prensa favorable que hemos dado el callo, que hemos tenido mala suerte o que solamente hemos perdido por uno. Quizá sea cierto, quizá el equipo juegue bien pero finalice mal o quizá el equipo juegue mal y finalice muy mal. Lo cierto es que la afición necesita más, lo cierto es que el sufrido seguidor se merece un buen juego, pero sobre todo se merece resultados. No es posible mantener la categoría, únicamente esperando que haya tres equipos peores. La directiva, los organismos técnicos, la plantilla…tienen que darlo todo para compensar el esfuerzo que los aficionados hacen en el campo semana a semana esperando que su equipo vuelva a ser el Superdepor. Estoy seguro que el público lo agradecerá.

martes, 14 de febrero de 2017

CUMPLIR LA LEY.


No hace mucho nos hemos despertado con la noticia de que en el complejo petrolífero de Ayoluengo en  la Lora, aquella comarca burgalesa que en los años sesenta abrió sus entrañas y sacó a la luz el preciado oro negro, se había acabado la concesión y que había una empresa que estaba dispuesta a retomarla por treinta años más. La noticia de por sí ya era lo suficientemente interesante, sobre todo por lo que tiene de especulativa y por la posibilidad que daban sus nuevos concesionarios de que se pudiesen retomar las extracciones que se hicieron en un principio. Casi ocho mil barriles diarios.
Mi imaginación me llevó de inmediato a la película Gigante en la que Rock Hudson y James Dean, negros y manchados de petróleo se hacían ricos y forrados a base de oro negro. 
Especulé con una concesión fructífera que efectivamente revirtiese a la zona un dineral que la hiciese la más rica de España, pero no la más rica, sino la más asquerosamente rica de todo el país.  Mi delirio me llevó a que la comarca podría pedir la independencia. Sólo necesitaba buscar en sus ancestros unas ideas autonomistas y un hecho diferencial que la desempatase del resto de sus vecinos provinciales y estatales. (Que hecho diferencial podría ser  más relevante que estar forrados). Las dudas, en última instancia, se dirimirían por medio de un referéndum en el que los trescientos vecinos del pueblo se manifestasen sobre el derecho a decidir y luego votar la separación del resto de España. La Lora sería como Lesoto en medio de Sudáfrica.
Ni siquiera como hipótesis podría valer, ni mucho menos ocurrir ya que la Ley es clara: solamente el pueblo español en atribución de las facultades que le proporciona la Constitución y por medio del procedimiento plasmado en ella puede proceder a tales referendos. Así, el resultado fuese el que fuese, sí sería vinculante. Por eso, es inviable pensar que una Comunidad Autónoma por muy rica y diferente que pudiera ser de las otras, pueda plantearse una escisión unilateral del resto de España. Imaginemos que en aplicación de esta nueva escuela fuese Castilla y León la que, incumpliendo la Ley, se quisiese independizar o que pasaría si fuesen Outes, Lores, Bormujos o cualquier otro de los pueblos españoles donde no se quisiese cumplir la ley.
No, señores, no. Si obedecemos la ley debe ser toda la ley. No perdamos el oremus. No basta con movimientos más o menos independentistas para olvidar que la Ley lo es todo, que existe una Constitución que nos da soporte legal a todos. Kant decía que cada persona llevaba un imperativo moral en su interior, aunque ese imperativo nunca nos pueda llevar en contra de la Ley.
No hace mucho el Tribunal Supremo absolvió a un hombre que había robado cuatro euros. Parece desmedido, pero lo cierto es que ese hombre no había cumplido la ley y por eso se le juzgó y en primera instancia se le condenó. En consonancia si el gobierno catalán incumple la ley, en la misma medida se le deberá juzgar.


miércoles, 8 de febrero de 2017

CHISGARABISES.


Perdón por la autocita, pero ya dije anteriormente en estas mismas líneas que la ley es dura pero es la ley, que hay que cumplirla y además está precisamente ahí para eso.
La Generalitat de Cataluña ha echado de nuevo el órdago y lo mantiene exigiendo al gobierno central que acepte y admita una votación que a todas luces es ilegal. El gobierno central se niega y los otros en plan “pa cojones los míos” miran directamente a la cámara, de manera desafiante, como diciendo “a ver lo que me puedes echar encima, que yo voy a tirar para adelante”. El gobierno, ante tamaña provocación sale a la palestra y anuncia que se tomarán las medidas coercitivas que sean necesarias contra Cataluña si se convoca el referéndum. Parece que es la misma historia de siempre.
No sabemos cuáles son esas medidas, ni nos las podemos imaginar, pero no parece que se quiera hablar de una aplicación directa del artículo 155 de la Constitución, sino más bien un poco de mantequilla y continuar con lo que ya había: les castigaremos con el látigo de la indiferencia.
Evidentemente, era preferible que antes de tener que aplicar o poner en marcha unas medidas que no se conocían, el Estado hubiese regulado cuantas y cuáles fueran las medidas necesarias a tomar y, sobre todo, cuando iban a ser necesarias.

Cuando los siete Padres redactaron la Constitución, eran tiempos del atado y bien atado y así lo quisieron dejar, atado y bien atado, con la redacción de un texto de garantías que se sancionase a sí misma la pervivencia y la perdurabilidad en el tiempo. Ha durado casi cuarenta años sin que fuese necesario desarrollar aquel artículo, pero parece inevitable que ante una realidad como ésta, -no olvidemos que el referéndum es para hacer una secesión- se hace evidentemente necesario un desarrollo que deje negro sobre blanco lo que se juega cada uno en un desafío de estas características y que luego nadie se llame a engaño. Nada es más duro que hacer algo sabiendo que sus consecuencias están perfectamente reguladas y reglamentadas y que ante un incumplimiento flagrante, la Ley caerá encima del incumplidor con todo su peso, sin posibilidad de recurso. Lamentablemente, el resultado, sea cual sea supondrá, como mínimo, un compromiso para los sufridos ciudadanos que deberán decidir en qué lado colocarse, por el reconocido sistema del frotamiento duro. Al final va a tener razón Mariano cuando ha dicho que los que promueven estas sinrazones son chisgarabises y que, sean cuales sean, lo que se debe evitar es que lo sufran los ciudadanos. 

viernes, 3 de febrero de 2017

LOS OBSERVADORES DE OBRAS.


De paseo, saludo a unos abuelos, apelativo de postín, observadores de la obras de la ciudad, hablando de los avances que se realizan en obras que han dado lugar a la peatonalización de todo el centro y comentando la imagen desértica que se observa en los Cantones cualquier fin de semana a una hora no muy tardía.
No tardan en comenzar los recuerdos y uno de ellos, el más mayor, me dice recordar el tranvía de los Cantones, la parada del 12 y del 2, las paradas de los autobuses a la playa o el trajín que la circulación había dado a la ciudad para hacerla crecer en importancia comparándola con otras grandes ciudades del país. Otro, armado de bastón, mira al cielo y reflexiona sobre unas máquinas que por medio de grandes agujeros nos permiten ir de aquí a allí sin pasar por el anterior asfalto.
El más joven especula sobre el boom inmobiliario y  la revolución urbanística y con ella la aparición de un nuevo oficio. El observador de obras. Grandes cantidades de obras de todo tipo y condición se amontonaban por todas partes llenando la ciudad de unas grúas que el paso del tiempo fue haciendo familiares y a las que se asimilaba con una nueva construcción. Aquella ciudad tan llena de obras y de  vallas. Su cara se entristece un tanto y casi sin pedírselo, me dice que ya no hay obras. Que ya no quedan. Que la crisis nos ha afectado a todos, pero más que nada a ellos.
Éstos, pensionistas, jubilados –corredores de bolsa según una amplia corriente- incluso parados de más o menos larga duración, entretenían su tiempo parándose en las vallas de la ciudad sacando información sobre el qué, cómo y porqué se estaba haciendo semejante obra en semejante lugar. Bastaba con ver la colocación de una de aquellas grúas para frotarse las manos con impaciencia por acercarse a observar. Pero…vaya faena. Antes, las obras que se hacían a lo largo y ancho de la ciudad estaban protegidas exclusivamente por una tela mallada no demasiado consistente o anteriormente por la típica malla de alambre que no impedía ver lo que se desarrollaba dentro. La técnica era la de ir metiendo un dedo entre la tela y hurgar hasta que se veía algo… Pero esta forma de diversión ha acabado. Ahora las obras en la ciudad ya no se limitan a ese vallado sino que ahora ponen unos listones de madera imposibles de agujerear y que impiden observar el estado de cada obra, el estado de la faena e incluso hacer buenos comentarios sobre la habilidad de los operarios en su labor. Con estas nuevas modas, los abuelos, se deben remitir exclusivamente a las obras municipales que son las únicas que no disponen de momento de vallado o mallado. Con risas me dicen que de seguir así, acabará por desaparecer uno de los oficios más importantes de los últimos tiempos: el observador de obras. El único empleo efectivo una vez pasado a jubileta. -Bueno, no, dice otro. También el de niñera y el de corredor de bolsa. Todos ríen.
La conversación retoma la crisis y al daño producido llevándose por delante montones de empleos y trabajos. -La de oficios que yo he conocido y que ahora, una vez que los titulares se han jubilado, se lo han llevado consigo. Y comienza una retahíla de ellos que, a lo largo de sus ya muchos años, han conocido y que ya no existen. –Recuerdas el sereno de los Mallos, los afiladores, las cigarreras, el pregonero, el lechero de la calle de Noya, las lavanderas en el rio de la Falperra, el ebanista de la calle de La Paz, la Fábrica de Cerillas, los bolicheros, los rederos, -oye, que estos todavía existen- discute otro de ellos, el fotógrafo de Foto Paco con su caballo, las plañideras -uno de ellos suelta una risita-, o las placeras vendedoras de pescado por las calles con unas patelas irreprochables…

Me tengo que marchar -les digo-, otro día hablamos de los buenos tiempos del Muro. Y allí quedan añadiendo datos a una relación de la que, bien estaría se tomase buena nota para no olvidar nuestro pasado. 

MILITARES Y CONSTITUCIÓN.

  Escucho en foros políticos y mentideros de tertulianos, glosas de las virtudes de la ministra de Defensa Margarita Robles. Algunos la su...