domingo, 30 de abril de 2017

Las ideas de PODEMOS para Defensa.

Vuelve de nuevo a pulular por las redes un documento panfleto que pretende ser el regulador de las grandes líneas de defensa por las que se regiría PODEMOS sí -supuestamente- llegase al poder. Hasta ahora no ha sido más que uno de los globos sonda con que, esta formación, nos sorprende de vez en cuando para que así parezca que tiene a personal de muy alta cualificación preocupado en pensar cómo hacerle grandes favores al estado, y en este caso al Ejército y con ello a los militares.


Evidentemente, de dichos  panfletos, no se conocen más detalles que los que han podido trascender a la prensa o a las redes sociales, pero me imagino que, dadas las circunstancias, no pretenderá continuar con semejante desvarío.  
Por ello mismo, tales apreciaciones no tendrían mayor trascendencia si no fuese porque ya desde las últimas elecciones, no consiguió colocar a su mayor baluarte como diputado, por lo que ha perdido unos puntos muy importantes para poner en marcha cualquier propuesta.

Ahora bien, si algo hay que reconocerle al Sr. Iglesias y con ello a su consejo de asesores en Defensa (para ellos ministerio de Asuntos de Defensa y de Pacificación) es haber cumplido los pactos a que haya llegado con el no diputado Julio Rodríguez. Seguramente le habrá prometido ser ministro titular de esa cartera y además jefe supremo de dichas Fuerzas de Defensa e Intervención.

De una atenta lectura del documento, no me cabe más que pensar que lo que se pretende no es una renovación en el Ministerio, sino más bien una revolución en el Ministerio. No pretendo discutir en este artículo la validez o eficacia de dichas conclusiones, pero lo cierto es que cuando las cosas se sacan de su contexto espacial o temporal, lo único que se puede esperar es a alcanzar la papelera más cercana. 

No nos extrañe pues, la referencia más que velada a la guerra civil, a los tiempos en que la democracia se había puesto de perfil en este país. 

A estas fechas, parece como mínimo extemporáneo que en un documento de renovación de lo que sea, se eche mano de los que sufrieron las maldades de la dictadura o de los que vivieron la sublevación del 36. Han pasado ya ochenta años. Ya es hora de que dejemos en paz aquella dichosa guerra y nos dediquemos a mirar adelante. 
Con esos mimbres, no me sorprende, por tanto, que se trate de cuerpos anacrónicos a los Regulares o a la Caballería. Que se pretenda suprimir la Guardia Real, o la Guardia Civil por constituir un cuerpo de antecedentes represores y raíces franquistas. 
A poca memoria que quisieran aportar, recordarían que, por otros motivos menos espurios, la supresión, reducción e incluso la eliminación de unidades, cuerpos, armas…, ha sido una verdad que ha estado de moda durante mucho tiempo. En plena democracia, sobre todo en los tiempos de Felipe González, los planes Reto, Meta…etc. trajeron de cabeza a los militares de a pie durante mucho tiempo por la mera incertidumbre de no saber en qué unidad o destino se acabaría adscrito.

Todavía se recuerda con cierta gracia la división horizontal que se perpetró en el personal de suboficiales y tropa de artillería al dividir la artillería en campaña y antiaérea-costa o a los ingenieros en ingenieros y transmisiones. Ahora, ya no es tiempo de plantearse si aquellas modificaciones eran ineludibles o, siquiera necesarias. Pero, pasó y se asumió como se asume todo en el Ejército. Las cosas son asumidas por el mero paso del tiempo y por la propia adecuación que trae de serie el militar. Adecuación al medio, se llama.
Pero estas modificaciones que pretendería Podemos si llegase al poder, no son más que una boutade programada por alguien que sin unos profundos conocimientos en la materia, pretende desprenderse de todo lo que ha marcado una gran etapa en la reciente historia de nuestro país.

Por último, manda un aviso a navegantes, posiblemente desde las oficinas del hipotético ministro de Asuntos de Defensa y de Pacificación, para recordar a los Generales de Ejército, Almirante General y General del Aire que se anden con el bolo colgando y que miren lo que escriben, que luego ya vendrán al pan. 


No discutiré la necesariedad de la permanencia de esos empleos en la jerarquía de las FAS, pero puestos a estudiarse sus funciones o tareas, también podían haberse estudiado las del Sargento Primero.

martes, 25 de abril de 2017

EL TIZONA DE BURGOS Y LOS 3.7 MILLONES DE EUROS.

EL TIZONA DE BURGOS Y LOS 3.7 MILLONES DE EUROS.
Posiblemente cuando nació en los sesenta, no se imaginaba el Club Baloncesto Tizona las penurias y denominaciones que pasaría para conseguir poner en la cúspide del baloncesto español a un equipo de Burgos. Partiendo de falta de apoyo del tejido empresarial de la ciudad o de patrocinio municipal, tuvo el cuajo de ascender, por méritos propios, a la máxima categoría del baloncesto español durante tres años consecutivos, con bravura, pundonor y saber hacer.
Lamentablemente, otros méritos que nada tenían que ver con los deportivos le hicieron, no solo no ascender, sino qué en su momento, le hicieron desaparecer. Poco rigor administrativo, normas equivocadas de la temible ACB y un exceso de interés económico por parte de las altas instancias de ese deporte, amén de la falta de financiación. Un mínimo canon de 3.7 millones de euros tuvo la culpa. Ello y el hecho de no disponer de ellos.
Pero el Tizona, como equipo austero, sobrio, frugal, castellano en una palabra, supo cambiar jugadores por abogados e iniciar en la vía judicial una batalla que la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia ha tenido a bien reconocerle, eliminando la aplicación del canon de ascenso y el Fondo de Ascensos y Descensos y sancionando a ese insidioso órgano succionador que es la ACB a poner a este club en la élite deportiva del baloncesto de la que, nunca debió salir. La justicia deportiva ha dado la razón a la justicia real. Esperemos que, de paso, den un repaso a las propias normas de funcionamiento de la Asociación, pero de momento nos vale.
Los demás equipos afectados por aquella rémora económica deberán continuar sus pasos y acceder a las vías necesarias para exigir la aplicación de este nuevo criterio a todos aquellos equipos afectados por la sangría económica por la que les quería hacer pasar la ACB.
Ahora nos preguntamos cómo quedará la situación del baloncesto burgalés sí, como todo el mundo espera, el San Pablo deportivamente asciende a la liga ACB desde la LEB Oro. O, más alto, cuantos equipos deberá tener la liga después de esta nueva situación en que ha quedado el baloncesto. Paciencia.
El milagro ya se ha producido. Pidamos a los poderes públicos implicación en esta delicia, con la mejora del aforo, acceso a instalaciones, embellecimiento del interior del polideportivo…, o aportando soluciones de verdad que ayuden a favorecer o promocionar ciertas iniciativas privadas. Al renacido Tizona, únicamente, que vuelva a darnos satisfacciones deportivas sin olvidar qué el listón lo habían dejado alto. Muy alto. 

martes, 18 de abril de 2017

Legionarios y borregos de peluche.

Esta Semana Santa nos hemos despertado con la noticia de que la oposición de buena parte de las Comunidades Autónomas y con ello del Estado han puesto el grito en el cielo porque una institución llamada Congregación de Mena llevó a unos Caballeros Legionarios a cantar su himno a unos niños con cáncer en el hospital materno infantil de Málaga.
Parece ser que la idea principal era llevarles unos borreguitos de peluche, símbolo visual del carnero de la Legión y animarles la mañana a estos niños, para lo que contaban con todas las autorizaciones y bendiciones, incluida como no podía ser de otra manera la propia de los padres que conocían de antemano el programa de actividades que se iban a  llevar a cabo, incluido el conocimiento de que se cantaría su himno a los niños.
Los legionarios, devotos del Cristo de la Buena Muerte, tienen como himno propio esta  coplilla “el novio de la muerte”, que todo el mundo conoce y que glosa el valor, coraje y valentía que se supone manifiesta en este personal legionario y que se entona al ritmo propio del paso de Legión.
Indudablemente las canciones no siempre generan el sentido de lo que se quiere decir,  por lo que quien planteó semejante evento quizá debería haberlo pensado un poco más reposadamente para evitar susceptibilidades. Pero de Perogrullo es, que si hablas con alguien, no puedes pretender que glose los beneficios y logros de los demás, sino que mostrará lo suyo. O como diría mi abuela: ¡Igual querían que los legionarios cantasen jotas o canciones infantiles! 
Aun así, y a pesar que nadie de las familias afectadas ha puesto el más mínimo inconveniente, han dado toda clase de explicaciones y disculpas que, por supuesto, no han sido admitidas. La oposición está indignada y se ha apresurado a contestar y hacer críticas de humor en twiter, parodiando la visita y remedando otras que se podían haber hecho.
La misma oposición que ahora contiende es la que no hace mucho pretendía retirar la misa dominical de la televisión, por lo que mucho me temo que la cosa no va tanto por haber facilitado la entrada de los legionarios en el hospital, sino más bien por un pataleo vinculado a los follones que ésta tiene con el veto a la Semana Santa que, dolorosamente para ellos sale airosa de cualquier oposición que por delante se le ponga, o porque quizá estén dolidos por no haber recibido su propio borreguito de peluche.


domingo, 16 de abril de 2017

Nunquam Minerva partea Palas. Capítulo cinco. El primer día de paseo. Primera parte.



Nos habían dicho que para poder salir de paseo había que pelarse debidamente y luego además que tendríamos que pasar revista. Cuando alguien te dice que hay que pasar revista se entiende que debería ser una revista. Allí no. La variedad era asombrosa. De pelo, de taquillas,  de mesillas, de armamento, de botas, de zapatos, de ropa de chándal, de limpieza y policía del local, de baños y aseos…Cualquiera podía ser. Pero eso sí. Era con un buen fin. Por fin teníamos por delante la primera salida al pueblo.

Ya los días anteriores a aquella primera salida de la Academia nos habían dicho: “ojito: el que quiera salir se lo tiene que ganar” y para ello los CASEP se habían apresurado a reforzar, si cabe, la disciplina y el buen hacer del alumnado en muchos casos a costa de la consabida nota. Las advertencias habían sido innumerables. Los preparativos para las temidas revistas no se hicieron esperar. 

Las colas en el peluquero se hicieron interminables. No es que, precisamente, aquel peluquero tuviera mucho cuidado en hacerte un peinado a la moda, en aquellos años de lo más hippy, más bien te ponía la mano en la cabeza y pasaba la maquinilla, cual segadora, por todo lo que sobresalía de la mano. Aun así valía la pena llevar la cabeza bien pelada con tal de poder ver de nuevo un mundo que muchas veces ya olvidábamos que existía. 

Por diferentes motivos: la cola, la falta de tiempo o por cierta amistad con el riesgo: volver a relacionarse con el sexo femenino lo valía, algunos hubo que en las propias dependencias de la Compañía habían dejado su pelo y con ello sus cabezas y orejas en manos de algunos primeros espadas que decían que sabían cortar el pelo con una hoja de afeitar. El resultado además de penoso era bochornoso, pero para el caso podía valer. Ya de por sí el pelo se llevaba a corto pero para aquella ocasión había que subirse los cuellos, término coloquial que venía a decir que el pelo empezaba en el cuello, aproximadamente a la altura de las orejas.

En lo más alto de la Academia casi lo más alto, se encontraba la delegación de Correos en la cual por el sencillo sistema de perder el rato de estancia en el casino, uno se podía dirigir allí a cobrar un giro si era posible o a retirar dinero de alguna cartilla que se pudiera tener en aquella entidad. Las colas, por supuesto, se hacían interminables esos días. Todo mundo quería tener dinerito fresco para gastárselo en el pueblo y tomarse aquel cubata tan esperado y recordado acompañado de cualquiera de las señoritas nativas pueblo que, galantemente estarían esperando por la recién salida al pueblo de los ansiados Caballeros. No habría bromuro que nos parase. 

Así que sacamos y estiramos bien el traje de bonito de entre los apretujones en que se encontraba dentro de la taquilla, bruñimos y limpiamos cinturones y zapatos y conseguimos, a poco, dejar los hierros de las cadeteras brillantes como faros de luz en la oscuridad. Ya estábamos preparados.

De esa manera comenzó la mañana en la que una tras otra pasamos todas las revistas posibles. De todo tipo: de armamento, de locales, de pelo, presencia, bonito, cadeteras, taquillas, cuero y chapas, calzado…, y con las cuales y consumados todos los filtros quedó eliminado el personal que en vez de salir a pasar la tarde en el pueblo pasaría la tarde en el estudio de arrestados. Por fin habíamos conseguido el ansiado permiso. 

Ahora había que poder desplazarse desde la Academia hasta el pueblo, cuatro mínimos kilómetros que podían hacerse una barrera insuperable sino se disponía de un coche, taxi etc. El autobús parecía una solución viable en cuanto que llegásemos a la parada antes de que se cubriesen los asientos. Una vez lleno se apagaban todas las posibilidades de bajar al pueblo que no fuesen por la cruda vía del paso ordinario, así que con prontitud y orden preparamos las diez pesetas que costaría el desplazamiento y nos dirigimos al camino del botiquín, donde nos estarían esperando. Otra opción era posible, aunque pasaba por disponer de una economía rutilante. Ni más ni menos que coger un taxi entre cuatro para lo cual previamente el servicio de taxis del pueblo, enterados ciertamente de la noticia de que casi mil alumnos teníamos derecho al paseo, inmediatamente había provisto de suministro viajero para subir a buscarnos y esperar hacer en un sábado la caja de toda la semana. 

El camino no había sido fácil pero habíamos llegado al pueblo.
Las cuatro de la tarde. Sol. Calor. Ventanas y puertas cerradas a cal y canto y ni un alma por la calle. Era fácil haberse imaginado un pueblo desierto en el que únicamente pululaban unos seres vestidos de verde y con cadeteras blancas…

sábado, 15 de abril de 2017

¡Mande firmes general!


Pocas veces hacer un panegírico o aportar una impresión personal supuso menos esfuerzo para los columnistas que nos dedicamos a glosar los parabienes y “paramales” de aquellos que se mueven en la actividad política, como es el caso de  Carme Chacón.
Cuando  me encontraba en plena ebullición de la escritura de mi novela “Cambio de paso”, una tarde me di un respiro para enfrentarme a escribir el prólogo. No fue difícil: cuando te pones a escribir una novela protagonizada por mujeres y militares a la fuerza te viene a la cabeza el nombre y milagros de esta mujer y a ella se lo dediqué. Pero había más.
Dentro del sombrío entorno de los entresijos socialistas, donde destacar es cosa poco menos que quimérica, la única manera no reconocida para ello en el partido, es la lealtad. En un partido donde la lealtad se paga con puestos, ella supo conseguir esa confianza que se necesitaba y que exigía la lidia de toros de casta de la talla de Zapatero, Rubalcaba e incluso Sánchez.
Con una juventud evidente, pero con un corazón que no daba para muchas alegrías, consiguió estar a su nivel, independientemente que en los últimos tiempos, no siguiese la cuerda de Rubalcaba -con quien se enfrentó en los cosos del partido- y posteriormente la de Sánchez –a quien negó su apoyo cuando éste fue defenestrado.
Defendió como pudo el nombramiento como ministra de Vivienda, pero fue un designio zapateril quien buscando un gran golpe efectista, y por haber sido de su pandilla en el momento de su elección como secretario general del PSOE, la colocó como ministra de Defensa, en el ámbito de la gran política
Los militares, después de haber pasado por el trance de la designación, en su día, de un civil para el MINISDEF, se encontraron con que por primera vez en siglos una mujer accedía a mandar este hirsuto colectivo sin otro bagaje que poco más de cincuenta kilos y un embarazo sietemesino. El público en general y sobre todo sus subordinados jerárquicos acogieron con escepticismo esta novedad, pero accedieron, como siempre, tranquilos y reposados las nuevas directrices. ¿Cómo lo hizo? No es el momento. ¿Lo hizo bien? Ahora no es el caso.

Lo cierto es que, políticas aparte, es de recibo reconocerle el valor para enfrentarse a unos toros negros y zainos cargados de estrellas y de medallas y sencillamente dirigirse a quien mandaba con dos palabras: “¡mande firmes!” ¡Ole y ole! Descansa en paz.

miércoles, 5 de abril de 2017

Trabajos parlamentarios.

Nuestros parlamentarios, siempre a la caza de una buena posición entre sus votantes o entre sus afines, continuamente se están tirando a algún surco que mengüe sus, ya de por sí, limitadas capacidades para ejercer la función para la que han sido elegidos.
De su dilatado esfuerzo por parecer que defienden las posturas de los ciudadanos de a pie nos hemos encontrado en estas últimas semanas con unas noticias que me han nublado la vista y me han hecho adquirir conciencia de que todavía tenemos entre nosotros a duros defensores de los derechos de los desprotegidos.
Es sabido de la grave situación por la que atraviesan los trabajadores de Coca Cola en Fuenlabrada. Para apoyo de esa gente, Unidos Podemos ha pedido que se retiren de la institución del Senado todos los productos que comercializa Coca-Cola, se prive de su publicidad y no se le permita utilizar eventos de autorización institucional mientras siga sin cumplir con las sentencias. Seguro que desde tan altas instancias debe haber otros medios de presión mucho más efectivos que pedir que se retiren, de la casa de todos, unas simples máquinas.
Hace unos pocos días y con ocasión de la condena al diputado de PDCat Francesc Homs de inhabilitación para ejercer cargo público, el Congreso de los Diputados dio  las órdenes oportunas para que ese diputado saliese del hemiciclo, ya que la condena le prohibía continuar manteniendo su estatus de diputado. Como no podía ser de otra manera, los diputados de ese grupo y afines, salieron del hemiciclo en protesta contra tan “antidemocrática” decisión.
Independientemente de que el contenido de la sentencia gustase más a unos que a otros, ya que nadie recibe con una sonrisa una sentencia de condena, de lo que sea, lo que no se podía esperar era que Podemos como “defensor de pleitos pobres” saliese igualmente en apoyo de tal exdiputado con una espantada que vació sus escaños, haciendo perder el tiempo al resto del Parlamento, que sí quedaron en su puesto de trabajo por considerar que el cumplimiento de una sentencia del TC. es de un nivel superior al cabreo que pueda tener el señor Homs.
Tras dos elecciones derrochadas y un dilatado espacio de tiempo de desgobierno, amén de un gasto increíble en deuda exterior, los parlamentarios aparentan tener poco que hacer o estar mal pagados como para permitirse estas boutades.

Desde este humilde foro me atrevo a recordar a aquellas señorías que el tiempo de besos entre parlamentarios o darle a la teta ha pasado a la historia. Que lo que se tercia es trabajar y dejarse de majaderías y simplezas. 

viernes, 31 de marzo de 2017

Nunquam Minerva partea Palas Capítulo cuatro. Primer encuentro con el mando.


Las presentaciones habían llegado a su fin. Por fin conocíamos a todos los mandos que iban a regir nuestras vidas y milagros durante el resto de aquel curso académico. Los jefes de sección habían aparecido por allí como sin darse importancia pero, dando al aire su propia impronta.
El uno, aparentemente demasiado joven para ser teniente, llevaba bolsillos en el M67. Cosa poco usual pero consecuente con aquel rimbombante nombre de siete bolsillos que traían en su caja los trajes. Efectivamente solo tenían seis y por más que buscásemos nadie fue capaz de dar con el séptimo, hasta que cuando apareció el teniente con sus manos en los bolsillos, pareció dar calma y tranquilidad a nuestros atribulados cerebros. Luego resultó que aquella obra de ingeniería se la había mandado realizar a una modista de Salas de Pallars. Con pocas palabras y sin levantar mucho la voz nos hizo un pequeño desglose de lo que desde su puno de vista iba a ser el curso, que nos iríamos conociendo, que las dudas y problemas (incluso quejas) las presentásemos ante los correspondientes CASEP (¡qué miedo!) y que poco a poco iríamos…
El otro apareció por allí con un chucho y nos dio unas palabras a una velocidad mayor que el rayo en y en un idioma prácticamente comprensible y que nadie pareció entender. Vino a decir algo sobre su perro y nos acabó presentando a su coche (un 127 blanco que acabaría haciéndose famoso en aquellas lides). El caso es que cuando ya se marchaba, nos dijo que él era el más especializado, el más acreditado, el más…en una palabra el más caracterizado. Ello le valió el inmediato y categórico apelativo de “El masca” que le llegó a perdurar durante todo el curso.
El último tardaría unos días en incorporarse y de momento deberíamos contentarnos con un sargento que haría sus veces, nos dijeron. Éste, en un lenguaje que todos pudimos entender nos explicó la aplicación de la disciplina militar a la enseñanza académica, explicándonos en que iba a consistir el curso que hacía breves fechas había comenzado.
La presentación del capitán fue como mucho más aristocrática. Apareció por allí como de rondón cuando estábamos escuchando a uno de los tenientes y metido en medio de la formación, fue haciendo comentarios jocosos a unos y otros, o preguntas de carácter general que, más que ayudar, escamaban al intimado, dejándole receloso sin saber exactamente lo que había pasado. El equipo completo comenzaba a forjarse.
-¿Qué tal se encuentra usted esta mañana?, joven.
No sabiendo de donde procedían aquellas palabras, el interpelado movía la cabeza sin saber hacia dónde dirigirse.
-¿Ha desayunado usted bien hoy?, Caballero.
-¿Usted cree que hay vida más allá de la disciplina y el orden cerrado?
-¿Cómo se llama su capitán?
-¡Cómo! ¿No se sabe el nombre de su capitán? Alguien tendrá que responder por esto.
En medio de la formación, un individuo, alto, con gafas de sol negras, también al igual que el primer teniente con bolsillos en el pantalón de faena, andaba por allí preguntando aquellas cosas tan extrañas.
Finalmente como si de la entrega de los Oscar se tratase y como si fuese pisando una alfombra roja, subió las cuatro escaleras que llevaban al zaguán de la Compañía y con una sonrisa Profidén, nos saludó a todos levantando una mano hacia los tenientes y CASEP que, se ve que conocedores del carácter de aquel individuo, no dieron más importancia y siguieron a lo que estaban. Sin más dilación comenzó su aserto, que fue largo y reposado, su verbo fluido y suave nos llevó por lugares que no conocíamos y nos dejó entrever que aquella no iba a ser una Unidad normal de alumnos, que no iba a ser una Unidad blandengue… bla,bla,bla.
Acabó con aquello tan manido de que “las puertas de mi despacho estarán siempre abiertas para que ustedes puedan contarme sus cosas o lo que se les ocurra. Hermosas palabras que, con los años han ido repitiendo todos aquellos que con motivo de una presentación quieren dar una imagen de democráticos, ello con el olvido evidente del puñetero conducto reglamentario que viene a arreglar de golpe cualquier necesidad que puedas tener de rajar donde no debes.
Los ahora Caballeros o caballeretes como se terminó llamándonos, conocimos aquello del conducto por el militar sistema del frotamiento duro. La primera vez que uno de los alumnos se acercó al capitán para preguntarle cualquier cosa de, evidentemente, poco interés, el CASEP más cercano le miró y con un leve movimiento de la mano derecha, como si fuese a escribir, colocó las cosas en su sitio “luego me da nota, caballero”. Solucionado.
Lo cierto es que cuando ya llevábamos unos pocos días allí, ya nos habíamos hecho una composición de lugar de los mandos que nos habían tocado y estábamos en disposición de compararlos con los de otras secciones o compañías.

martes, 28 de marzo de 2017

Las primarias del PSOE 2017.


Se ha dado el pistoletazo de salida para los aspirantes a la candidatura a secretario general del PSOE. Tres, como las hijas de Elena, se han presentado a tal convocatoria. Pedro Sánchez; Pedro I el Temido por aquello de que si gana volverá a intentar liarla. Susana Díaz; Santa Susana de todos los españoles, la esperada por el aparato del partido y por aquellos socialistas que pretenden una peregrinación equilibrada por los agrestes caminos de la política y por último Patxi López; el eventual , candidato más bien imprevisto, como tercero en discordia.
Estas elecciones, más allá de unas primarias o de la más estricta postura política de cada uno, son política de interés general. No olvidemos que el PSOE es un partido con más de cien años de historia y que es cardinal para un buen funcionamiento democrático del sistema político español. En estas elecciones se solventará qué es bueno para España o, quizá, que es mejor para España.
Pedro Sánchez, sí, aquel  que dijo “hay que ser de izquierdas, que la gente que no dice que es de izquierdas o de derechas es que es de derechas o sea que o eres de izquierdas o no eres nada”, ha tenido su oportunidad y la ha perdido o la ha dejado pasar o se le ha gastado. Emperrado en el NO ES NO  ha hecho de su mandato como secretario general un auténtico calvario a los socialistas pacíficos. Vio cómo Podemos le hacía ojitos y se unió a él para comprobar en sus propias carnes como le organizaba el gobierno y el partido. Luego para su dolor adquirió consciencia de que lo que realmente quería Podemos era fagocitarle, o lo que era peor fagocitar al PSOE ocupando su papel como partido hegemónico de la izquierda. Su unión con Ciudadanos no hizo más que cabrear a la parroquia y no adquirió más que tintes de sufrimiento. Ahora vuelve con SI ES SI. Grata confusión.
Susana Díaz se presenta con una mochila de una ¿buena? gestión en una Andalucía saturada de paro y unos problemas de corrupción galopantes, pero con la cantinela de la renovación por delante y con la consigna de que lo primero es el militante, el ciudadano, en fin, el votante. Y se ha empeñado en el latiguillo de “vamos a trabajar…, volver a poner en su lugar al partido. Hacer un PSOE más grande”. Suena bien.
Su proyecto para el partido viene avalado y apoyado por grandes pesos pesados del PSOE tradicional y del renovado, que incluso han aparcado los desacuerdos entre ellos para otorgar tal apoyo: Felipe, Guerra, Rubalcaba, Zapatero, Madina, Bono, Chacón… No parece una casualidad que todos ellos hayan tenido, en su momento, palabras de vilipendio contra Sánchez.
Posiblemente Susana no represente más que a los acólitos de su autonomía y posiblemente no tenga claro que debe hacer un secretario general de un partido de solera como el PSOE, pero como diría el otro, Pedro ha tenido su momento y no lo ha sabido aprovechar.
La propuesta de Patxi López parece una candidatura meramente testimonial. A priori, no parece que tenga muchas posibilidades contra dos candidatos de tal envergadura. Quizá tenga previsto, en la línea más típicamente americana, su adhesión a uno de los otros dos candidatos (apostaría por Susana) cuando ya no tenga posibilidades. La contienda está servida.
Todos han empezado su periplo por todas partes adelantando sus propuestas, buscando apoyos para su proyecto y  pidiendo fondos para afrontar la batalla, pero el primer asalto no lo han ganado ellos. Ha sido el partido.
Todavía no habíamos entrado en calor cuando, con buen criterio el rocoso Javier Fernández y resto de su gestora han obligado a los candidatos a compartir con ésta una cartilla, evitando el crowdfunding, donaciones anónimas que podrían incurrir en financiación ilegal. Patxi y Susana han aceptado y Pedro se ha negado. Ha comenzado la guerra.


La pelota queda ahora en el tejado del PSOE y sobre todo de sus votantes. Aceptar un candidato al que el tiempo ha puesto en su sitio, y que si pierde, incluso, podría llegar a liderar una escisión en el PSOE o una candidata con ganas de poder que si pierde haría que se removiesen los cimientos del PSOE tradicional con algún roto más a su política. Sólo desear que el voto sea en consecuencia. 
Dijo Mandela que un error no deja de ser un error por el mero hecho de que mucha gente crea en él.

martes, 21 de marzo de 2017

Podemos y las misas dominicales.

Después de algún tiempo de descanso desde la celebración de Vista Alegre II, no esperábamos menos de Pablo Iglesias y sus acólitos que una salida de pata de banco como la que han hecho esta semana solicitando la anulación de la retransmisión de la misa de los domingos. 
No hace falta ser católico ni siquiera católico practicante para entender que ésta no es una cuestión puntera ni mucho menos que pueda afectar al sentimiento de la mayoría de los españoles, que es lo que se supone tiene que hacer un buen parlamentario nacional. 

Hace bien pocos días ha salido a la luz la sentencia contra Artur Mas y compañía condenándoles a unos mínimos dos años de inhabilitación para ocupar cargos públicos por una desobediencia redomada a las órdenes del Tribunal Constitucional y ante ello, el diputado Iglesias salió a la palestra floreando y diciendo que una sentencia injusta como esa no debería surgir de los tribunales. Añadió que era absolutamente injusto condenar a alguien por sacar las urnas a la calle. Eso teniendo en cuenta que aquel mero hecho de haber sacado las urnas a la calle no era sino con toda la sana intención de haber montado un referendo para preguntarle a la ciudadanía si querían dejar de pertenecer a España. Vamos, vamos… La prohibición estaba clara y ya en ese momento el Tribunal Constitucional advirtió que esa puesta en escena de las urnas no era constitucional y como tal quedaba vedada al ámbito de un gobierno autonómico. 


Esa sí es una noticia importante y a la que debe darse trascendencia, el resto es marear la perdiz. Si el Sr. Iglesias pretende oscurecer una falta de atención que haya podido prestar a esta y otras parecidas sobre la base de sacar a la luz pública una especie de referendo sobre si la misa de los domingos es o no de interés público para ponerlo en la segunda cadena, lo que es evidente es que debe hacérselo mirar. 


Este intento de pretender que las luces mirasen hacia otro lado, no ha tenido el resultado proyectado y ha sido debidamente respondido en las redes sociales con más de dos millones de visitas, que han dejado clara la ineficacia y la ineficiencia de retirar dicha retransmisión que, le guste o no, lleva toda la vida saliendo los domingos por la mañana. 
Pablo tendrá que apuntar con más puntería si no quiere que estas cuestiones religiosas levanten en pie de guerra a personas poco combativas.

lunes, 20 de marzo de 2017

Nunquam Minerva partea Palas. Capítulo tres. El Casino.


Conocíamos su existencia, más no nos podíamos imaginar su ubicación. Allí arriba después de los almendros debía haber un lugar donde los pobres pringados podían pasar un rato de asueto, departiendo únicamente con ellos mismos.

Una tarde, después de haber penado un par de horas de orden cerrado, otro par de horas de orden de combate y otro par de horas o tres en clases, se nos formó con urgencia y se nos avisó pomposamente que esa tarde podríamos acercarnos al Casino de Alumnos, durante el tiempo de descanso. Sólo nos faltó rugir y tirar las gorras al aire. Hubo un grito socarrón con algo así como un ¡bieeeen! que no dejó indiferente a nadie. El CASEP de turno nos dijo que no era para tanto y bla, bla,bla… Aséense y a partir de esta hora tienen media hora para ir al casino. Por una parte, aquello parecía una pequeña conquista y por otra no dejaba de ser algo que, por esperado, no tenía la menor importancia.

Rotas las filas, el que más y el que menos se encaminó hacía el famoso Casino para observar con dolor la larga cola de más de cien metros con alumnos esperando la entrada, igual que nosotros. Aun así, pudimos echar un vistazo a su interior. De repente, la ilusión se desvaneció y en su lugar apareció la cruda realidad. Aquel rimbombante nombre, acercaba una posición mucho más elevada de lo que en realidad era. Un bar. Un bar grande, pero un bar.

Pacientemente nos dispusimos a guardar la cola, pero los minutos pasaban irremediablemente y aun antes de haber entrado en el casino, sólo quedaban ocho minutos de descanso antes de formar para ir al estudio.
-Volveremos mañana. –Nos dijimos echándole moral.

Al día siguiente, exactamente a la misma hora, se repitió la operación.
-¡Rompan filas! –dijo el CASEP.
Esa vez salimos de la formación apuraditos (vamos, a toda ostia), pero al llegar allí observamos igualmente que, la cola, sin llegar a ser de cien metros, podía llegar tranquilamente a los cincuenta. La solución fue volver directamente a la Compañía y esperar que el siguiente día fuese más provechoso.
Casi llegando la Compañía nos encontramos a uno de los Perdigones con los que habíamos hablado los primeros días y con un intercambio de fuego y tabaco nos dijo que para llegar a tiempo al Casino y para coger una mesa –que, sí las había- había que estar allí a las seis en punto de la tarde. Además era aconsejable no ir solo sino que la mejor opción era que, yendo varios, uno fuese hacia la barra a pedir mientras los otros ocupaban la mesa y guardaban las sillas. Máxime, teniendo en cuenta que había que ir primero a una parte de la barra donde se encontraba una caja registradora que manejaba con eficiencia un soldado y al cual se le pedían los productos a consumir, lo que, previo pago de su importe se premiaría con un ticket. Con ese ticket pasaríamos a otra parte de la barra donde nos darían los productos.
Entendido y aceptado.

Al día siguiente, como si de una misión táctica se tratase, fuimos concertando entre unos pocos la mejor manera para poder llegar con tiempo, coger sillas y mesas, acercarnos a la barra con una lista previamente preparada y solicitar los productos ante el amo de la registradora donde nos darían el preciado ticket. Mientras, otro de nosotros haría cola en la parte de la barra donde se servían los productos y sería el que recibiría el papelillo para dárselo al camarero que nos serviría las consumiciones.
Ahí aprendimos que no toda táctica lleva consigo un buen resultado efectivo en la batalla. Ahí aprendimos que, sólo con la táctica no se ganan las batallas. Se necesita además una buena estrategia. Se necesita astucia. Se necesita picardía, incluso marrullería. Así fue.

El día señalado a las 18.00 horas (ya utilizábamos el horario militar) estábamos en la puerta esperando para que abriesen y poder pasar entre los primeros puestos. Uno de nosotros ocupó una mesa y sujetó a su lado seis sillas. Otro corrió hacia la máquina registradora con su papel con el pedido la mano: dieciocho xuxos y doce batidos de cacaolat. Al tanto, otro se puso a la cola de la barra donde ya, a aquellas tempranas horas, ya había unos pocos alumnos esperando para hacer lo mismo (evidentemente, utilizando la misma estrategia).
El alumno se ubicó a la vera de la registradora en noveno lugar para solicitar la compra. Los codazos ya empezaban a notarse y sin haber un árbitro por allí que controlase la situación, el ambiente se hizo insoportable. El encargado de la registradora, como un San Pedro divino cuidador de las puertas del cielo, hacía caso omiso a los requerimientos de aquéllos que no le parecían oportunos. Después de varios intentos, con su ticket en la mano se acercó hacia donde estaba su compañero haciendo bulto para pedir el material que aparecía en el ticket. A la vera del mostrador, todos los que se amontonaban delante de la barra, con un brazo en alto sujetando el preciado ticket, llamaban a gritos al camarero:
-Aquí, aquí…-decían unos y otros.

Pero aquí la estrategia falló (grandes batallas se han perdido por no haber aplicado correctamente la estrategia a la táctica ¿O era al revés?). La historia volvió a cambiar ya que el camarero, increíblemente, parecía conocer algunos de los que allí se amontonaban, no prestando atención al resto.
Aquel era un problema que terciaba una solución. Ya éramos militares y como tales, debíamos ser estrategas. Deberíamos pensar como tales y buscar soluciones sencillas a problemas complejos. Ésta apareció por sí misma: al día siguiente invitaríamos a merendar a uno de los Perdigones...



Lo cierto es que no hizo falta y como lo hizo, no lo sé. Pero uno de nosotros consiguió hacerse amigo de uno de los soldados camareros y posteriormente de otros más. Los llamaba por su nombre de pila e incluso tenía tiempo de hacerles algún chiste mientras esperaba a que le diesen su ticket. Al recoger el producto de los tickets, simplemente daba una voz entre el barullo. -¡Pepe! –decía. Y el camarero de la barra le veía e inmediatamente le atendía. Entretanto el resto guardaba cola quejándose y jurando en hebreo.

domingo, 19 de marzo de 2017

Satisfacción por desagravio.


Aquellos tatuajes no presagiaban nada bueno. Siempre mostrándolos, publicando su poder y transmitiendo miedo. Los otros alumnos escapaban de su mirada y su contacto como se escaparía de algo con la fecha de caducidad pasada.

Ese curso llegó el nuevo. Limpio, sonrosado, fuerte. Hijo de un juez de menores que llevaba con honra sus puñetas y que había basado su carrera en la legitimidad y la justicia. En el primer enfrentamiento, el tatuado le rompió todos los dientes y debieron extirparle el bazo. Quedó medio muerto. En breve los autos llegaron al juzgado de menores, una cesta de medidas legales habían dejado abierta la posibilidad de sentencias ejemplarizantes, pero la decepción no tardó en llegar. Su abogado poco o nada pudo hacer. El juez actuó en consecuencia. Poca instrucción y a la calle. Ahora el chico está muy raro. Volver a nacer no le ha sentado nada bien.

MILITARES Y CONSTITUCIÓN.

  Escucho en foros políticos y mentideros de tertulianos, glosas de las virtudes de la ministra de Defensa Margarita Robles. Algunos la su...