lunes, 26 de octubre de 2020

EL EQUILIBRIO DEL TREN CARRETERAS DE GALICIA.

 

Después de bastante tiempo he vuelto a Galicia y me ha emocionado su evolución. Coges la autovía de León (toda una delicia), para luego entrar en el peaje de León-Astorga (una cara delicia) para llegar a Pereje y pensar en lo que había y en lo que hay. Aquellos primeros viajes a Burgos. Primero santiguarse y bendición papal, para que las once horas de éxodo desde La Coruña no fuesen eternos. Para que aquellos casi seiscientos kilómetros de carretera sin un metro de doble carril o con un carril circulatorio absolutamente surcado por las rodadas de los camiones no te hicieran perder el frágil control. El temible Puerto de Piedrafita del Cebrero, auténtico matagigantes, rompe-motores…

“Su excelencia” no había tenido a bien invertir en la región que le había visto nacer y así nos iba. Bueno, parecido a otras regiones. Aquellas fechas… cuando los gobiernos de Suárez y posteriormente Felipe, dudaban en invertir en una antieconómica autovía de Madrid a Galicia, con tal obra de ingeniería civil que habría que acometer en el puerto de Piedrafita, con los taludes más altos de la red de carreteras de España. Otros más peregrinos, aseguraban la impenetrabilidad del Macizo Galaico o el indudable desplome de los puentes.

Las obras de la Autovía del Noroeste con sus enormes puentes colgantes entre grandes puertos de montaña, comenzaron en 1993, después de que el gobierno de Felipe se hartase de recibir exabruptos y quejas de un Fraga que se había empeñado en rejuvenecer los accesos a Galicia situándola en el mapa de Europa.

La tecnología fue más rápida que el saber popular y aquella autovía se construyó, aunque hubo que esperar hasta 2002 para ver funcionando sus últimos ocho kilómetros, que la colocaron como la obra de ingeniería civil de mayor envergadura económica de Europa. Había costado un millón y medio de pesetas… cada metro.

Aquellos puentes que rompían la armonía de los viejos montes gallegos, sufren el desgaste del progreso cargadas de tráfico, con miles y miles de vehículos cada día, que han hecho que el firme haya sufrido más de lo debido y estén absolutamente necesitadas de algo más que repasar chapa y pintura. Baches, parches y rodadas por doquier hacen absolutamente peligrosa la conducción e indecente la seguridad. La reparación es obligada y quizá alguien pensaría que esas infraestructuras dependen de las Comunidades Autónomas. No es así. Dependen del Estado español, concretamente del ministro de Fomento, extraviado desde que se subió al avión de la política cubana. La reparación deberá llegar ¿Cuándo? La respuesta será parecida a la que dio una “bruxa” gallega cuando le preguntaron cuando llegaría el AVE a Coruña: “hay, non che sei, neniño”.

EL EQUILIBRIO DEL TREN LA RESILIENCIA

 

Los presidentes del Gobierno ya nos tenían acostumbrados a la creación, novación o repetición de palabras o frases que, por desconocidas, no eran de fácil inclusión en el acervo coloquial de los ciudadanos. Así Felipe nos llevó al “obsoletismo”, Aznar al “mire usted”, Zapatero al “nohaycrisis” o Rajoy a los “chuches”. Se ve que va con el puesto.

El actual presidente, visto que la palabra “Valeria” no la había repetido lo suficiente durante la anterior campaña electoral, ha encargado a alguno de sus asesores la búsqueda de la palabra que dé significado a su mandato. Así, consecuencia del Plan de Recuperación, Transformación y Resiliencia de la Economía Española, ha surgido la palabra. RESILIENCIA. 

Aunque en su larga exposición del Plan la pudo repetir, “ad nauseam” más de dos docenas de veces, sin embargo, no perdió ni un segundo en explicar al justiciable el significado de tal palabra.

Lógico. Suena bien, pero no es una palabra a la que se le pille fácilmente el intríngulis. Es decir, sin entenderla, puede ser un auténtico calvario, así que repetiré lo que ya dije en uno de los artículos del reciente mes de mayo.

La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o grupo para recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro. Aquella capacidad que nos permite desarrollar recursos que se encontraban latentes y que desconocíamos hasta ese momento, haciéndonos recuperar el interés en las cosas.

Igualmente decir que es el poder de aguantar y afrontar la violencia del rayo o la dureza de la tempestad, llegando a desafiar los mayores inconvenientes con una sonrisa en la boca.  Resiliencia es lo que nos ha hecho aguantar sin despeinarnos, un virus asesino, un estado de alarma, casi tres meses de confinamiento afincados en el cristal de la ventana o las declaraciones del señor Simón.

Es difícil cargarse de resiliencia cuando te ves desbordado de gente fallecida, falta de sanitarios, falta de puestos de trabajo o de ayudas económicas. O cuando ves que mientras los contagiados crecían o los sanitarios suplicaban por equipamiento para salvar a las víctimas, los políticos cargados de mediocres frases o errores en los cálculos discutían por pequeños vicios como competencias autonómicas o la república, olvidando la misión para la que se les ha votado: buscar el bien común.

Eso es resiliencia, adaptación al medio, a esto y a lo otro, a la tormenta y al pedrisco y a lo que se nos mande. Pero creo que los políticos la traen de serie. El reto, cuando pasemos por un momento bajón o una pérdida de nivel de resiliencia, cogemos las maletas y nos vamos a La Toja.

miércoles, 7 de octubre de 2020

TÍTULO DE COLUMNA: EL EQUILIBRIO DEL TREN EL PACTO DE LOS BOTELLINES.

Cayo Lara fue un agricultor que, recogiendo el testigo de Llamazares que había dejado cómo unos zorros el anterior éxito obtenido por Julio Anguita en IU en 1999, predicó las bases que debería tener el partido: estar con la gente antes qué con los mercados, aumentar el empleo, Ley electoral más democrática, evitar la especulación urbanística que estaba llevando a cabo el PSOE… o marcando postura en cuanto a la falsedad del debate soberanista en Cataluña. Aquel partido, pretendía ser la imagen de aquellos otros ancestros del PC y resto de la izquierda tradicional que habían sido garantes de los acuerdos llevados a cabo durante la Transición para conseguir que la Constitución fuera una y prima. Cayo tuvo el desacierto de dejar aquel partido huérfano de una figura de alcance que continuara con la estela de su pasado democrático, momento aprovechado por Alberto Garzón que, en poco tiempo y ante la perplejidad de aquellos antiguos afiliados, concluyó que la izquierda tradicional de España, necesitaba unirse a Podemos.

Hace un par de años y después de asegurar en los medios que no se uniría a Podemos porque no estaba cómodo llevando sus siglas, se reunió con Pablo Iglesias, mediando unas cervecitas, en lo que se llamó “el pacto de los botellines” para alcanzar un acuerdo para la creación de una lista electoral conjunta de concurrencia a las siguientes elecciones legislativas. Es lo que tiene Iglesias. La gente dice que no le quiere, pero luego pactan con él. Aquellos acuerdos y pactos marcaron sus propios intereses, incluyendo la sumisa liquidación de aquellos antiguos votantes de izquierdas.

Correspondiendo a esa sumisión, ha alcanzado un poder absolutamente fuera de su alcance o un ministerio que nunca habría pensado conseguir. Pero claro, cuando pactas con el diablo, tienes que estar preparado para todo, incluyendo soportar un feroz ataque de Podemos para impedir que aspires a crear un poder propio dentro del partido. Viendo como le obvian y le hacen el vacío, ha visto como el pacto de los botellines se tambalea y aquella imagen cervecera sellando su acuerdo con Iglesias, ha desaparecido.

No obstante, él, como persona con gran ansia de poder, aun viendo que su posición no tiene muchas salidas, ha tomado la directa y se ha dirigido de cabeza contra las instituciones. El Rey, la Constitución, la monarquía…han sido tocadas sin aceptar que un miembro del Gobierno que ha jurado lealtad al Rey y a la Constitución, no puede estar al mismo tiempo en la oposición. El tiempo se lo cobrará. No sé de qué forma los antiguos comunistas aceptarían tales posiciones, pero lo cierto es, que con la que está cayendo, ahora no toca.

 


domingo, 4 de octubre de 2020

EL EQUILIBRIO DEL TREN: MORIR DE ALIPORI.

 

Como diría mi admirado juez Marchena, empezamos mal. Y digo mal, porque el título se refiere a un “palabro” sin uso muy corriente ni muy utilizado. Pero, no bufe el ávido lector, enseguida explicaré.

Según la RAE, alipori es simplemente vergüenza ajena. Es decir, aquel malestar sentido cuando alguien, incluso querido o cercano, desatina o hace el ridículo. Esa sacudida que te ataca cuando estás escuchando a alguien que, con toda su razón, está diciendo alguna majadería sin sentido. Incluso quien, dando explicaciones, te hace provocar rubor y bochorno haciéndote pensar cómo se sentirán los que oigan semejante chorrada. Aquel siempre recordado “relaxing cup of café con leche” de Ana Botella. Resumiendo, sufrir por lo que hacen los demás.

Lamentablemente los españoles padecemos una permanente situación de alipori al sostener unos gobernantes que nos dejan diariamente con el culo al aire, avergonzándonos con sus falsedades, falta de criterio, falta de preparación e incluso de cultura.

Aquí se presupone que el mero hecho de pertenecer a un partido ya otorga la fe pública o la preparación más absoluta para ser ministro, secretario de estado o cualquier puesto de honor. Más, en la práctica, lo único que supone es que carecen de vergüenza que les pueda sujetar en sus atrevidos instintos o sus osadas tendencias, no teniendo inconveniente en hablar para la galería con tal de dejar allí su poso o su pequeño grano de historia. Pero no es así. Existe el “qué dirán” o “qué pensarán”, pero nada. Aquí no tiene valor.

Qué dirán nuestros vecinos europeos al conocer que el Gobierno ha plantado al Rey (Sí. Jefe del Estado) no citándole para la presentación de la apertura del año judicial, por celebrarse en Cataluña. O, qué pensarán al saber que después de un larguísimo procedimiento penal ante el Tribunal Supremo, con condena por delito de sedición a los responsables, a menos de un año de la sentencia el presidente del Gobierno ya ha ordenado tramitarles el indulto. O cuando conozcan ese nuevo planteamiento del “lunes sin carne” ¡Qué vergüenza!  

Qué pensarán al ver cómo una mujer sin estudios conocidos, por el hecho de pertenecer al partido, predica en la tele sobre Derecho Comparado o modificaciones de Leyes Básicas del Estado. O sobre un concejal qué representando a su ciudad y oculto tras la mascarilla hace playback en inglés. O políticos con salidas de pata de banco como “…es usted un fascista” o “…cierre la puerta al salir”. Pues pensarán que es una vergüenza. Pero tranquilos. El alipori sólo nos afecta a los administrados. A ellos no. Recojamos la propuesta de Leo Harlem sobre que los mandatarios nunca deberían ser menores de cincuenta años. Así sea.

EL EQUILIBRIO DEL TREN: La despoblación rural.

 

Con la pandemia han surgido nuevos hábitos nunca soñados, pero también han quedado silenciados  proyectos iniciados, por aquello de que, lo más importante, siempre delante. Se hay quedado olvidado el tema de la despoblación rural.  

He tenido el honor de ser nombrado por la alcaldesa de Mazuelo de Muñó, Susana Pardo, parte del jurado de valoradores del II Concurso de Microrrelatos sobre despoblación rural, en general Castilla-León y en los pequeños pueblos de la zona de Muñó.

La selección de los participantes, en sus dos categorías, empezó allá por el mes de enero y las perspectivas sobre el éxito de la convocatoria no podían ser más halagüeñas ya que en pocos días se presentaron más de noventa aspirantes a ganar el primer premio del concurso.

En la primera, hasta 16 años, contra cualquier pronóstico se presentaron al concurso más de sesenta autores y de los mayores de 16 años, más de treinta. Muchos de la zona y otros de los aledaños del alfoz de Muño, pero todos ellos con la misma inquietud por el tema. Los concursantes deberían glosar lo que ellos entendían por despoblación y así ha sido. Me han dejado perplejo las iniciativas plasmadas en tan pocas líneas. Recuerdos de lo que ha pasado, la soledad de los mayores o pueblos despoblados o abandonados, unidos a ideas sobre lo que debería ser el futuro basado en una silenciosa protesta sobre lo que les ha pasado a estos, pequeños y no tan pequeños, pueblos de Castilla.

Por si fuera poco, el coronavirus vino a rematar el mal estado en que se encontraban estos pueblos acabando con muchas de las pocas perspectivas habidas o que se habían empezado a llevar a cabo para evitar su despoblación, incluso la del propio concurso de relatos que, a punto estuvo de desaparecer a la espera de una oportunidad mejor. Lo cierto es que supo llamar la atención y la ilusión vino a nacer dentro de la desesperación producida y unos pocos valientes han entendido la necesidad de la repoblación y utilizando la cultura como arma, se concienciaron de que ésta debería ser la clave de la solución. Ver como una de las premiadas leía su obra, de puntillas ante el atril, abre un camino a la esperanza. Hemos empezado bien.

Queda aprovechar el tirón y esperar ayudas que apoyen a pueblos como Mazuelo de Muño que, de momento, ha ampliado al doble, su población.

Quizá estas iniciativas y otras necesarias deberían seguirse en todos los pueblos de Castilla León y quizá éste sea un buen momento. Mirando a aquella gente animosa y preocupada por el futuro, me di cuenta que Mazuelo quizá se vacíe, pero tiene mucha vida.

sábado, 19 de septiembre de 2020

Casado y la procastinación.

Allá por el verano de 2015, y tratando el tema de la procastinación, en esta misma columna escribí que, el ahora expresidente Rajoy era un procastinador de tomo y lomo, entendiendo por procrastinar el retrasar sin causa, el diferir o dilatar o dejar de hacer lo que realmente debía hacer y, en su lugar, hacer lo que no habría por qué hacer. Era una mera consecuencia del derrumbe sufrido por su partido como consecuencia del resultado de los comicios de mayo, cuando se vio que toda la organización y él, el primero, habían fallado en cercanía, explicaciones y comunicación con los ciudadanos.

En aquel mismo artículo cité a un joven portavoz de campaña llamado Pablo Casado, en esos momentos un imberbe que acataba apresuradamente las disposiciones de Esperanza Aguirre y del que aseguré que su cara pronto daría mucho que hablar.

Así ha sido y cinco años después Casado es el gran jefe del principal partido de la oposición, líder de la derecha y amo y señor de todo lo que sucede en el Partido Popular. Desde sus inicios, su principal leitmotiv ha sido solucionar los grandes problemas que atenazaban a la derecha española, la regeneración del partido y su acercamiento hacia el centro político para poder empujar al PSOE y a Podemos hacia su lugar en la izquierda, ello sin olvidar la pandemia, la crisis catalana, los pactos electorales, los apoyos para formar gobierno, la nueva modernidad del partido o contrastar a su manera el acérrimo feminismo de la izquierda, ambicionando que el PP perdiese el marchamo de partido light.

No ha podido ser. La derecha de Casado procastina igual que la de Rajoy y sus deberes no acaban de cumplirse de la manera esperada por sus votantes.

Ni siquiera el desparpajo y desenvoltura de Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del PP en el Congreso, ha sido suficiente para llevar al Partido por una nueva senda de modernidad. En cuanto ésta ha cuestionado al Partido, a la oposición o la pandemia, el miedo a ser llamado facha o heredero de la dictadura le ha sumido en una especie de mansedumbre que ha llevado consigo su destitución. Supongo que con eso habrá pretendido girar al partido hacia el centro político, aun a costa de perder a sus votantes liberales o a los conservadores más acérrimos que posiblemente harán engordar a Vox, que ya dispone de 52 diputados.

Estaba claro que Rajoy procastinaba, pero Casado se ha quedado en un admirador de la marmota Phil en Punxsutawney a la espera de que salga de su cueva y diga si la primavera llegará pronto o si el invierno todavía durará más tiempo.

jueves, 10 de septiembre de 2020

TÍTULO DE COLUMNA: EL EQUILIBRIO DEL TREN. PANDEMIA EN LAS AULAS.


Septiembre siempre ha sido un mes que nos despierta del sueño veraniego y nos abre una perspectiva de la vuelta a la normalidad.  El curso político, el escolar o la llegada del otoño son parte de ella. Pero este año, el covid, el largo confinamiento y la desescalada han modificado nuestras rutinas y hemos conocido nuevos factores.

Las mascarillas, que han venido para quedarse, las medidas de distanciamiento insuficientes o las vacunas que no acaban de llegar han redundado en una gran decepción con el gobierno de turno. Quizá los veintitantos ministros, cuatro vicepresidentes, no sé cuántos secretarios generales y demás mandanga, sean insuficientes para hacer frente a los coletazos, perdón rebrotes, de esta repelente pandemia, pero las pocas medidas tomadas, han resultado en su mayoría estériles. Bien es cierto que buena parte, consecuencia del poco rigor que ponemos los administrados en cumplir las normas.

Lo cierto es que no vamos a mejor y ver cómo, unos a otros, se tiran los trastos a la cabeza o se pasan la pelota no mejora las cosas. Ni siquiera el permanente lanzamiento de globos sonda o hacernos perseguir zanahorias para perder la vista de la realidad, lo arregla. El justiciable mira sin saber que hacer, cuando la solución a los grandes problemas entre diferentes Administraciones se resume en la delegación. El gobierno en las Comunidades Autónomas y éstas en los Ayuntamientos.

Véase, sin ir más lejos, el cuándo y cómo comenzarán las clases. Es un hecho que los colegios españoles no están preparados ni cuentan con espacio suficiente para mantener las medidas de seguridad acordadas por el Gobierno de turno. Han pergeñado infinidad de soluciones: clases online turnadas con presenciales, grupos de alumnos en tiendas de campaña en los patios o vaya usted a saber. Poco resultado.

Mientras los ministros de Educación o Universidades están desaparecidos, me han planteado una solución que seguramente sea acertada. Si los empresarios han resuelto el problema de la proximidad con mascarillas y mamparas, pues hagamos lo mismo y pongamos tres mamparas en el norte, este y oeste de cada pupitre donde se siente un chaval.

¡De dónde sacaremos el dinero para eso! dirán los políticos, tremendistas. Bueno, evitando polémica y salvando respuestas mucho más traumáticas, se me ocurre qué en todas las ciudades y pueblos del país se han cancelado fiestas, cabalgatas, marchas, carrozas, patronas, desfiles…, festejos, en fin, que daban lugar al recibo de la oportuna subvención o expendio por parte de la Administración pertinente y que este año se ha ahorrado. Que mejor destino para ese dinero que en la seguridad de los alumnos. Supongo que ese dinerillo no utilizado en esos eventos habrá quedado debidamente controlado ¿o no?

martes, 4 de agosto de 2020

EL EQUILIBRIO DEL TREN : VACACIONES RARAS.

 

Para el colectivo trabajador las vacaciones siempre son raras o como poco “rarillas”. Comienzan con las fiestas mayores, en que se relaja un tanto la disciplina laboral y empresarial, siguen con la aparición de los primeros calores y llegan a su clímax cuando la familia se dispone a cargar el coche con todo tipo de enseres para pasar una merecida semana al sol, sin hacer nada más. Las vacaciones ya se habrán programado y posiblemente pagado muchos meses antes con los ahorros sobrantes del año anterior, pero nada importa. Eso es una sagrada obligación que no se valora en dinero. Pues si queridos lectores sí. Estamos de vacaciones y aunque nos empeñemos en pasar un periodo de asueto lo más adecuado posible, sabemos lo que vamos a ver.  

Habremos cruzado toda España para ir a un par de sitios que se suponían turísticos y la verdad es que la pena con lo que realmente veremos, llenará nuestros corazones. Nos colmará la congoja, no, la tristeza de ver lo que éramos turísticamente hablando y en lo que nos hemos quedado por culpa de este maldito virus.

Veremos que en aquellas playas que antes todo el mundo abarrotaba y hacía colas por la mañana para colocar las sombrillas ahora hace colas para coger una parcela. Pero claro, la posesión de la parcela tampoco puede ser permanente, así que también habrá colas para hacer tiempo mientras sale el anterior. Quizá la gente previsora, sólo por el mero hecho de evitar contagios, no habrá querido ir a playas inmensas de grandes arenales y con la temperatura ideal, aunque sean las únicas que en estas fechas hayan podido conservar las lanchitas con pedales con tobogán, las motos de agua o el famoso plátano veraniego que tira a la gente cuando alcanza una cierta velocidad por el agua. O que decir de aquellas playas que antes tenían menos población. Ahora parecerán playas en auge.   

Desde el Gobierno nos lo han querido hacer ver como una cuestión estructural y favorecen el turismo cuidadoso, ya que es evidente que si no gastamos no invertimos y si no invertimos la economía no florece. La crisis y luego la economía se han cargado las expectativas de infinidad de veraneantes, por más que nos empeñemos. Por más que gastemos, el miedo está ahí. En cualquier supermercado, en cualquier gran superficie, en cualquier restaurante o chiringuito y por supuesto se notará en el veraneo. No obstante, dichosos aquellos que puedan hacerlo. La hostelería lo agradecerá.

Hoy, día de inicio de la temporada vacacional, me sobra confianza para saber que esto está en trance de desaparecer, pero no debemos descuidarnos. Felices vacaciones raras. Hasta septiembre.


lunes, 27 de julio de 2020

EL EQUILIBRIO DEL TREN: DIVORCIONETAS.


Un matrimonio feliz no tiene precio, pero un divorcio sí. Así comienza una de las campañas publicitarias más agresivas del momento y que ha tenido la visión publicitaria de volver a darse a conocer después del período de confinamiento posterior al coronavirus.

Es relevante que se haya podido hacer una campaña basada exclusivamente en la falta de estabilidad “parejil” por tener que compartir la falta de cercanía previa existente con el exceso de cercanía durante el confinamiento.

Todas las encuestas, estadísticas… han coincidido en que cualquier pareja que haya tenido que armonizarse de manera forzada en la misma vivienda, con las mismas circunstancias, problemas, agonías…etc., es muy fácil que haya acabado con problemas personales graves, llegando, en casos, a la ruptura.

Posiblemente, la aparición de estos vehículos “divorcionetas” haya ayudado a esas personas que, debido al confinamiento y sus inconvenientes, hayan debido finalizar de manera expedita su relación, evitando la manera agresiva.
Los motivos pueden ser variados. No importa. El exceso de relación ha acabado con el amor y cuando se acaba el amor, se acaba la pareja y por lo tanto es necesario romper el vínculo. Se suele decir en el ámbito del derecho matrimonial que la peor manera de mantener una relación es, sin duda, mantener un matrimonio infeliz. Pero, ¡ay!, la relación solamente la puede romper Dios o la Ley.

Salvando la parte estrictamente laboral en la que, según casos, alguien haya podido pensar que se ha rozado el intrusismo o la competencia desleal, evidentemente es una buena idea que llama la atención. Conseguir un divorcio por 150€ parece a día de hoy casi imposible, pero si ellos lo dicen será que pueden hacerlo. Pero, desde mi humilde punto de vista, hay que recordar que un divorcio no es un capricho, sino una necesidad y eso no es ninguna frivolidad, así que la idea de estos Despachos de abogados conduciendo una furgoneta tuneada, nunca debe llegar a verse como si se estuviese vendiendo melones.

Aunque, en otro ámbito, quizá la “divorcioneta” pudiera dar alguna pista al presidente del gobierno. Si la furgoneta estuviese aparcada frente a la puerta de Moncloa, el presidente podría plantearse pedir información sobre sí sería viable un divorcio de sus socios de gobierno. A estos precios no podría poner traba alguna, decir que es demasiado caro o que no sirviese para su propio contubernio. 

Las posibilidades reales que da este sistema de la “divorcioneta” para dar fin al matrimonio de conveniencia con quien está cohabitando, ahora mismo, son innegables. Por una módica cantidad podría hacer un divorcio y deshacer urgentemente el amancebamiento que está manteniendo con Podemos y la compañía, que realmente no está llevando a nada ni a los españoles, ni a él mismo.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                 

miércoles, 8 de julio de 2020

TÍTULO DE COLUMNA: EL EQUILIBRIO DEL TREN ¿Saben aquel…?




Siempre ha sido apreciado nuestro liderazgo en infinidad de materias; turismo, hostelería y restauración, posiblemente el país con más bares de todo el planeta, líder en donaciones de órganos, trasplantes, donde se vive más, mejor y por más tiempo…
Pero eso ha cambiado. Hemos perdido la confianza de nuestros vecinos, o no tan vecinos, que hasta hace poco nos tenían como guía en aquellas materias o referente mundial en otras muchas, ya por los diversos desplantes políticos de los últimos años o por la propia comparación con otros países en la forma de gestionar la pandemia.
Pero no seamos tremendistas. Caminamos a liderar algo en España y en el mundo. Somos líderes en rebrotes. En las últimas semanas hemos tenido 59 nuevos focos solo en dos Comunidades, además de tener dos Comunidades que ya están en parte confinadas por el exceso de contagios. Hemos conseguido tener el mayor índice de sanitarios enfermos o muertos por coronavirus, el mayor porcentaje de mayores fallecidos o la mayor caída europea del PIB después del confinamiento, con el cierre de gran número de pequeñas y medianas empresas, sobre todo de hostelería.
Además, somos líderes en otras disciplinas que nos avanzan en el pódium. Hemos visto como el señor Simón, encargado de la información sobre el virus, después de haber hecho el ridículo más espantoso delante de todo el mundo y de mentir todo lo permitido, ha conseguido la relevancia de ser portada de revista vestido de motero, con chupa de cuero y ancha sonrisa. Lo inaudito es que haya gente que se tatúa su cara en una pierna o tunea una camiseta con su cara. No sé, no sé.
Incluso continuamos líderes en declaraciones extravagantes o vacías disculpas pamplineras, que hacen que los inversores nos miren con recelo. ¿Saben aquel de la diputada de Esquerra de Cataluña que preguntó en la Comisión de Reconstrucción del Congreso sobre las medidas que iba a tomar a España para acabar con la violencia policial en Estados Unidos? ¿O aquel del asunto de la tarjeta SIM? Y… ¿Aquel del comerciante de Vallecas que prohíbe el acceso a su comercio a quienes porten mascarillas con la bandera española? ¿O el del anuncio que afirma que los Reyes Godos en España no tienen interés??? Pero quizá el mejor sea aquel que dice que España está entre los 20 países con un nivel más alto de IVA del mundo, pero, tranquilos, el gobierno se plantea darle un meneo. No te jode.
No deberíamos permitirnos desapreciar nuestra historia y tradiciones, mantener muletillas como “las cloacas del Estado” o permitir que suenen lejanas risas sobre nosotros.
En fin, ya lo dijo el presidente: de esta salimos más fuertes. Me vale con que salgamos. 


martes, 30 de junio de 2020

EL EQUILIBRIO DEL TREN Ferias y Fiestas.



Me despierto de la obligada y reparadora siesta del verano, esperando escuchar el runrún de las Peñas que, animosas, pasan por las inmediaciones de la Plaza de toros, despertando a los “siesteros” durante el período festivo.  Pero esta vez no vienen. No acaban de pasar.
Ayer 29 de junio se celebró San Pedro, festivo y Patrón de muchos municipios españoles y burgaleses y fecha esperada por ser el día grande de las fiestas. En la calle todo parecía igual. La nueva normalidad impuesta por Real Decreto daba a entender que lo peor ya había pasado y que tranquilamente podíamos salir a celebrar nuestra fiesta. Pero no lo era. Faltaba algo En la calle no vimos bombillas, carteles, blusas, peñas, anuncios de fiestas, cabalgatas o desfiles a los toros o cualquier otro detalle que pudiera significar que ese día no era diferente a cualquier otro.
Se han cancelado las fiestas y cualquiera diría que la representación de esa cancelación se manifestaría en la calle, pero no. Sigue habiendo un ítem que nunca falta: la gente.
Las calles están llenas de gente. No hay casetas, caballitos o norias para niños en las Plazas Mayores ni en los paseos, pero no falta ninguna persona. Abarrote total. Se ha evitado las casetas de pinchos o la ubicación de las barracas. Se han cancelado las concentraciones de motos, carreras ciclistas y por supuesto olimpiadas y mundiales, pero no se ha podido evitar las masificaciones en las calles, paseos, o unas terrazas más abarrotadas que en el mejor año de fiestas veraniegas.
Hemos entrado de lleno en la nueva normalidad que, sin entrar en grandes divagaciones, podemos decir que es una nueva normalidad económica. Queremos gastar y disfrutar, y recuperar el tiempo pasado en el confinamiento. Tenemos la desgracia de vivir en un país que sobrevive a duras penas a costa del sol, el verano y la espera de una llegada masiva de extranjeros en la costa o del peregrino en el interior y para ello, la gente debe salir y mover el dinero para que la hostelería pueda sobrevivir y el país pueda volver a dar cuerda a la economía. Tiempo habrá de ahorrar en invierno.
Aunque muchos han quedado en el camino, el Gobierno ha ayudado hartándose de decir que de esta saldremos más fuertes de lo que entramos. Creo que no, pero tal aserción ha dado lugar a que hayamos perdido el respeto, sino el miedo, a los contagios creyendo que todo estaba arreglado. Cuidado. Salir a gastar o a utilizar el sol, único medio genuinamente español, está bien, pero no debemos descuidarnos. Si olvidamos las precauciones, posiblemente la economía será el menor de nuestros problemas.


MILITARES Y CONSTITUCIÓN.

  Escucho en foros políticos y mentideros de tertulianos, glosas de las virtudes de la ministra de Defensa Margarita Robles. Algunos la su...