sábado, 26 de diciembre de 2015

Todo tiene su fin.

Hasta aquí hemos llegado. Esto no da para más. Los devaneos electorales, un exceso de apariciones mediáticas, una débil configuración de los programas electorales, una indebida confección de las listas electorales, la mala leche…, han llevado a la más que posible desaparición del bipartidismo que hemos conocido como una de las marcas de agua de la democracia. De cómo han llegado a esta situación deberán dar buena cuenta los ideólogos de los partidos, máximos responsables del fiasco. Ahora queda aplicar a rajatabla el máximum del cálculo electoral y la eliminación de líneas rojas, so pena de entrar en una dinámica –no deseada- de repetir elecciones.

Si nos basamos en lo prometido en campaña, no cabría pacto alguno, pues las relaciones entre derechas e izquierdas no han quedado bien paradas. Pero las ideas que representan los partidos no pueden cercenarse porque el candidato de turno haga suyo el poder del bien y el mal y elija lo que conviene al partido. Los candidatos deben llevar escrito en su ADN que ellos vienen y van, pero las ideas y los partidos siguen. 

Con la nueva configuración de la cámara baja, el PP no dispone de suficientes votos y apoyos para formar un gobierno de garantías. Ciudadanos –poniéndose de perfil- únicamente ha dicho que se abstendrá ante la formación de gobierno por la lista más votada. 

El PSOE, por supuesto tampoco los dispone. Ni siquiera con Podemos. Los programas de algunos partidos de su órbita, en cuanto a la Unidad de España, no son aptos para que un partido de marcado sabor nacional como el PSOE, los considere aceptables. Don Quijote dixit “casamientos de parientes tienen mil inconvenientes”. Difícil tarea. 

Además, Iglesias, irrogado en el papel de nuevo líder de la izquierda, ha aparecido como si del presidente se tratase. Henchido de ínfulas y antes de saber si tiene opciones de gobierno, ha dicho que le dará un repaso a la Constitución que la dejará como nueva. Obviamente, esquivando que, aun en el supuesto más favorable, cualquier reforma constitucional -entre ellas la del referéndum para Cataluña o la de la plurinacionalidad de España-, llevaría consigo un obligado trámite de control por el Senado. Casualmente, en este momento, en manos de PP. 

¿Se ha acabado, entonces, el bipartidismo? Puede ser. Pero de reavivarlo, habría que pasar por comprobar la continuidad de Pedro Sánchez, por comprobar si Rajoy es amortizable, por preguntar su opinión a Susana Díaz o por preguntar a los barones regionales del PSOE su opinión sobre una unión con Podemos que llevase consigo una aceptación de sus marcas nacionalistas. 

Posiblemente un pacto entre PP y PSOE acabaría con estos dilemas, pero lo seguro es que por fin podríamos olvidar la guerra civil.

viernes, 18 de diciembre de 2015

EJERCER EL DERECHO AL VOTO.

Llegamos al final de la campaña electoral marcada como siempre por la competitividad electoral. Competitividad que refleja el grado de incertidumbre existente respecto al resultado de las elecciones. A más grado de competitividad, más igualadas están las fuerzas entre los que compiten y por lo tanto, mayor incertidumbre existe respecto a su resultado final. 

Fieles a esto, los políticos han sacado su artillería a la calle y hartándose de dar besos y abrazos, han reforzado sus programas con debates, muchos debates. 

Doscientos debates se habían perpetrado hasta asistir al doscientos uno - debate a dos- para encontrarnos con la realidad de nuestros políticos: las personas que nos quieren dirigir los próximos cuatro años. Los analistas desmenuzarán quien ha ganado o si lo que dijeron era lo esperado, pero sólo sirvió para aliviar diferencias personales entre ellos. Cada uno se dirigió a los suyos y soflamó lo que se suponía que su parroquia quería oír. Pero las formas, otra vez las formas, les han vencido. Sin llegar al insulto personal, las ínfulas y en algún caso la chulería han sobrevolado el debate en mayor medida que los propios compromisos electorales. Hubo un ambiente encrespado abusando del “miente usted”, o “no, es usted el que miente”… y así prácticamente todo el debate, bajo la atenta mirada de un moderador que no moderó. 

Tal debate, habrá podido ampliar de alguna manera la opinión que los electores tuviesen de sus propios candidatos, pero no servirá para convencer a aquellos indecisos sin una opinión definida. Por eso, nos rendiremos al resto de la campaña electoral, como buen compendio del debate. 

Todos los partidos han puesto sus políticas públicas por encima de las de los demás. En su línea expositiva, los líderes de los partidos han pasado por taquilla, asistiendo a debates y programas televisivos, -nos ha faltado un Gran Hermano de políticos-, siempre intentando arañar el voto de ese porcentaje de indecisos que, aseguran, ronda el 40%, o el voto cautivo de otros partidos. 

Ha habido más críticas que proyecto, más oferta que demanda y todos han prometido un cambio que no acaba de llegar. Para variar, todos se han tirado los trastos a la cabeza, con acusaciones de rancios, corruptos, flojos, incluso de marxistas. Más de lo mismo. Unos y otros han dado por amortizados a los demás, recordando espíritus de tiempos pasados y repitiendo aquello de “lo viejo y lo nuevo”, pero nada han dicho sobre la realidad de los pactos post- electorales. Todas, grandes promesas para solucionar los grandes problemas de la ciudadanía. No nos importe. Lo importante es el voto. Ahí sí coinciden: somos nosotros quienes decidimos. Y esa sí es una gran verdad. Por eso, lo único cierto es que todos debemos ir a votar, luego la ley D´Hondt proveerá.



jueves, 10 de diciembre de 2015

Por alusiones.





Por fin había llegado el anunciado debate decisivo planteado por Antena 3. Todo este Grupo se había propuesto hacer efectivamente decisivo el debate y así lo habían patrocinado promoviendo anuncios en los medios de su grupo, dándole bombo y boato, intentando evitar en lo posible el daño que podía hacer a la audiencia la inasistencia de Rajoy. No hubo tal problema ya que aunque éste, efectivamente no acudió, en su sitio había enviado a una vicepresidenta peleona que enseguida nos permitió olvidar su, por otro lado, tonta ausencia. 

El problema de estos debates es que suponen una repetición de otros anteriores quizá muy cercanos, por lo que no es de extrañar que nada nuevo se hubiera dicho allí que no se hubiera dicho ya, anteriormente en otros debates. Algunos querrían haber tenido un debate al estilo del circo romano, con ataques y acusaciones por casi todo, pero se equivocaron. La técnica conjunta fue la de la prudencia más absoluta. Allí primó la educación y la camaradería. Parecía uno de esos combates preparados de wrestling. Al final se besaron y dieron apretones de manos como viejos camaradas. Lógico. De tanto debate, habrán hecho ya, hasta amistad.

Se reunieron cuatro jóvenes con unos estilos diferentes y con una idea determinada de lo que conviene a este país. Pedro Sánchez con sonrisa de galán de cine. Pablo iglesias con la pinta de siempre, no reparando en su sobaco sudoroso en el mejor estilo de Camacho -es lo que tiene llevar a cuerpo las camisas sin una chaqueta que te dé un poco de protección. Albert Ribera guapo y sonrosado con el nerviosismo del que se sabe ganador y Soraya Sáez con su poderío de siempre, dieron buen juego al espectáculo del debate, pero todos con evidentes problemas para mantener la verticalidad en una forzada posición de descanso militar, durante dos horas, sin poder hacer poco más que mover el boli o buscar que hacer con los brazos.

Se mantuvo a flor de piel y el “y tú más” y todos abusaron del “yo no te he interrumpido”. Pablo recordó a Soraya el “Luis sé fuerte” de Rajoy a Bárcenas y a Pedro que “no se pusiera nervioso, que no tenía poder suficiente en su partido”. Pedro nos recordó al mejor Alfonso Guerra de 1982, cuando nombraba las maldades de la derecha y dijo a Soraya “de ninguna manera pactaré con el PP”. Albert empecinado en no mantener a Rajoy. A todo esto, Soraya, sin movérsele un pelo dejó claro que “España no se toca” y aguantó con cara de póquer las preguntas sobre corrupción. Todo predecible.

Los analistas decidirán ahora quién de ellos ha ganado o quien lo ha hecho mejor, no obstante no olvidemos que fuese quien fuese, el único que debe ganar aquí es el ciudadano.

martes, 8 de diciembre de 2015

“Crónicas marcianas”


En la celebrada película “La vida de Brian”, un judío le pregunta a otro: …pero, ¿que nos han dado los romanos?, a lo que el otro contesta: nos han dado los acueductos. El primero vuelve a preguntar: …pero, además de los acueductos, ¿que nos han dado los romanos?, y el segundo contesta: nos han dado los baños públicos. Y el primero vuelve a preguntar: …pero además de los acueductos y los baños públicos, ¿que nos han dado los romanos?, a lo que el segundo responde: nos han dado la paz. Y el primero dice: la paz, bah, la paz, que la folle un pez. 

El mismo negativismo, al relatar la nefasta suerte que corren los humanos en la conquista de Marte, asiste a Ray Bradbury en sus Crónicas, por lo que con su permiso o con el de Javier Sardá (no lo tengo muy claro) me permito hacer una reflexión sobre el fondo negativo que florece en nuestros políticos cuando, atacados por la cercana cita electoral, disparan sus afiladas lenguas unos sobre otros, sin valorar que, después de que aquella haya pasado, todo volverá a ser como antes y sólo quedarán recuerdos en las hemerotecas.

Si la política va mal o no, será algo que se deba valorar en las próximas elecciones, pero los políticos ya han entrado a saco en campaña –precampaña-, para decir que todo va mal, que todo lo que los demás ofrecen está mal, que lo hecho hasta ahora está mal o que lo que se recibió de los anteriores también estaba mal. 

Cierto es, que la arena política siempre da para grandes titulares, pero en ocasiones como ésta, donde los españoles nos jugamos buena parte de nuestro futuro, debería prevalecer para sus señorías decir la verdad y hablar de programas en lugar de tanto repasarse de arriba a abajo un día sí y otro también. 

La política ha acabado por ser un desbarre sobre la eficiencia del contrario y su capacidad para hacer cualquier cosa que no sea largarse con viento fresco. Pedro Sánchez otorgó a Rajoy como única virtud la de la afabilidad. Nada más. Rajoy totalmente encerrojado ha zanjado la discusión diciendo que la mejor defensa es una buena defensa. 
Jamás un partido aceptará que otro haya hecho algo bien, o estará de acuerdo con sus principios o su programa. Puro negativismo. Deberían imitar a Van Gaal con aquello de “siempre posssitivo, nunca negatttivo”. 

Con todo, será bueno, ya cercanos a Papá Noel, recomendarles cómo antídoto, la película de los Monty Phyton que, además de que su recuerdo siempre viene bien, tiene, al final de la cinta, la cura para cualquier negativismo, cuando los crucificados cantan el “mira siempre el lado bueno de la vida”.

sábado, 31 de octubre de 2015

REFORMAR LA CONSTITUCIÓN.

A pocos días de que comience la campaña electoral, que se presume la más emocionante de los últimos años, la mayoría de los partidos políticos parecen haberse puesto de acuerdo en la necesaria reforma de la Constitución.
Para su refrendo en 1978, Adolfo Suarez y demás políticos del estamento debieron hacer auténticas filigranas para contentar a unos y otros e incluirlos en un texto con ciertas garantías de permanencia. Así se llegó finalmente a un ten con ten que ha devenido en la etapa menos convulsa de nuestra reciente historia, además de haber conseguido igualar en prerrogativas al común de los españoles. 
Pero, ciertamente, aquella vida española y sus gestas en nada se parecen a la actual, por lo que quizá sea hora de comprobarle chapa y pintura y darle una vuelta a la Constitución por si fuese susceptible de reparación. Las claves de la reforma no están claras, pero ya que estamos, si así fuese deberían ser realmente las necesarias y en todo caso apremiantes. Y ya de paso, si se terciase, pedir una reforma sin dobleces. 

Empezaríamos por revisar las competencias de las Comunidades Autónomas. Pero claro, en todo caso sería para reducirlas. Tienen de más. Ya no es posible reconocerles más singularidades. Pero, ¿cuál de ellas a estas alturas querría perder cuota de poder y competencias? Ay, ¿qué no darían los Länder alemanes, los Cantones suizos, las Regiones francesas… por tener las cuotas de autonomía de nuestras comunidades?
Podríamos reformar la capacidad que tiene el estado central para otorgar graciosamente competencias a las comunidades autónomas por el sencillo método de las transferencias. Así, señalaríamos las competencias que nunca deben salir del ámbito estatal o recuperar las que nunca debieron salir, e.g. la educación, la sanidad… Revisaríamos el uso del artículo 155 para cortar de raíz derivas anticonstitucionales, pero no por el sistema de su aplicación directa, sino por la posibilidad de vaciar de contenido a cualquier Comunidad Autónoma por eliminación de transferencias. 

Modificaríamos el artículo 12.2 sobre la nacionalidad. Tal y como están las cosas, se tercia definir claramente quién puede y quien no, ser privado de su nacionalidad.
Ya puestos, modificaríamos el sistema electoral. Inventaríamos una doble vuelta que dejase fuera del juego político nacional a aquellos partidos minoritarios –incluyendo a los de ámbito autonómico- que no alcanzasen un porcentaje mínimo en todo el territorio nacional. 

Y de paso podríamos arreglar de una vez la cuestión de la educación, desarrollándola con una auténtica ley de Educación que, concienzudamente pactada por todos los interlocutores políticos y sociales, dure lo suficiente como para resistir un cambio de gobierno. O una ley laboral que dure lo suficiente como para ver si España es un país realmente capaz de afrontar una crisis sin tener que echar a los trabajadores de sus puestos de trabajo. 

Imposible aceptar tales reformas. Demasiado para tan poco espacio.

sábado, 24 de octubre de 2015

EL MERCADO DE INVIERNO

Desde su aparición en el mercadeo político, el Sr Sánchez ha hecho lo posible para darse a conocer, cómo exigencia de la propia esencia del sistema. Para esto, como medio tradicional, la única manera aceptada es la de la dura confrontación en el terreno político. Pero hoy estamos en la época de la comunicación y es bien sabido que se gana más fama en dos minutos en los medios de comunicación -o lanzando una buena exclusiva- que en un agrio debate parlamentario. 

Primero fueron sus apariciones en Sálvame de Telecinco, o en el Hormiguero de Antena 3, dando su mejor versión de super moderno y absolutamente contrario al perfil de abuelete que presentaba el presidente del gobierno. Luego llegaron sus declaraciones sobre los toros o su planteamiento sobre la desaparición del Ministerio de Defensa. Ahora, en su mejor línea de ruptura con cualquier modelo tradicional, Pedro Sánchez ha dado a conocer las listas de candidatos de su nuevo PSOE a las elecciones generales del próximo diciembre, y como si de la apertura del futbolístico mercado de invierno se tratase, se ha descolgado con la inclusión en ellas de dos personajes que, no por conocidos, dejan de ser polémicos. Aprovechando la nueva cultura de que se abren las puertas a independientes “no indiferentes”, ha fichado a la comandante Cantera y la ex diputada de UPyD Irene Lozano para ocupar unos buenos puestos en las listas del PSOE por Madrid. 

Si eran necesarias o si harán un buen servicio al partido, el tiempo lo acabará diciendo, pero de momento, estas designaciones han despertado las ansias críticas y la indignación de gran parte de la parroquia socialista, que se pregunta si eran necesarias una ex militar y una tránsfuga para mejorar el nivel de calidad que a estas fechas podía tener el partido, y por supuesto, sí en un partido con más de doscientos mil afiliados no habría personas de validez para los puestos cubiertos. Barones reticentes, personas de influencia en el partido y sobre todo los descolgados de las listas por estas inclusiones, ya han dicho que no consideran que sean importantes para la buena marcha del negocio y mucho menos para la viabilidad del proyecto político que intenta poner en marcha el PSOE de Sánchez. 

Rajoy no ha hecho comentario alguno, pero dado que al PP le han salido en los últimos días problemillas con militantes no muy afines, podría aprovechar el tirón socialista de la admisión de independientes “no indiferentes” y sembrar –también- de independientes el partido. O por lo menos de alguno que infunda un poco de aire fresco a unas estructuras –ahora- apolilladas y desgastadas. Al igual que Sánchez, en su derecho estaría ya que -de momento- en España no disponemos de un sistema que, a semejanza del futbol, pueda prohibir o impedir el fichaje de nuevos futbolistas durante los mercados de invierno.

miércoles, 7 de octubre de 2015

ASUNTA

Llegó a España para tener un futuro mejor que el previsto según el lugar en que le había correspondido nacer. No es fácil cambiar el destino. No hay muchos escogidos. Pero ella qué, sin saberlo, se había hecho merecedora de tal don, no pudo desarrollarlo más que unos escasos trece años. Hace unos días habría cumplido quince años.

Nadie piense que promover ese cambio de destino es un superpoder de unos padres adoptantes. No. El único poder real consiste en que, mucho antes de saber quién es o de donde viene o siquiera cómo será su cara, esos futuros padres se habrán planteado infinidad de veces si estará bien o si serán capaces de darle todo lo que se merece. Es decir, antes de coincidir en uno u otro mundo, ya la quieren. Puede parecer insólito, pero el verdadero poder es el de llegar a querer a alguien a quien todavía no se conoce.

Ningún niño puede escoger a sus padres o a su familia. Asunta, tampoco. Unas pruebas, unos requisitos administrativos o unas ciertas condiciones legales otorgan a ciertas personas la capacidad legal para ser padres y con ello la patria potestad, esto es, velar por ellos, tenerlos en su compañía, alimentarlos educarlos y procurarles una formación integral. Pero, esto es lo que afirma la Ley. La capacidad personal y el resto de capacidades para ser padres saldrán de lo que lleven dentro de sus corazones.

Ahora se juzga a los padres de Asunta como presuntos autores de su muerte y deberá ser la justicia ordinaria la conocedora de la veracidad de esas acusaciones. Para ello y cumpliendo el mandato del artículo 125 de la Constitución, se ha destacado un pequeño ejército de nueve personas que tendrán que ver, admitir, cotejar y valorar, las pruebas que se les presenten y serán los que deban dar razón de la acusación y, en su caso, de su culpabilidad. Ellos, serán los que den al juez su opinión sobre cómo han debido producirse los hechos y la cuota de responsabilidad de cada uno. Seguramente se interesarán sobre si -en su actuación como padres- han cumplido con la debida diligencia la tarea que les había asignado la Ley. La misma Ley que pone en manos de estos nueve jurados tamaña responsabilidad. 

A sus padres, ya se les ha condenado mediáticamente y por lo execrable del crimen, se ha exigido por la opinión pública un escarmiento ejemplar. No debemos ser juez y parte, ni debemos condenar a quien todavía no ha sido juzgado. Esperemos el resultado. No obstante, cualquiera que sea, vaya por delante mi desprecio para los asesinos que, de manera alevosa, han segado la vida de alguien que tenía mucha por delante, pero también para todos aquellos que actúan contra otras muchas Asuntas que, como ella, no disponen de más medios que una Ley qué, cómo no puede ser de otra manera, sólo puede actuar "a posteriori".

viernes, 2 de octubre de 2015

LLAMANDO A CHENCHO.

Cuando veo una persona mayor corriendo detrás de un crio o, lo que es peor, discutiendo con él, recuerdo la magistral interpretación que realizó el gran José Isbert en la película La gran familia. Hace el papel de un abuelo que tiene un despiste en la Plaza Mayor de Madrid que ocasiona la pérdida de su nieto, el pequeño Chencho. Con ello aparece la conciencia del anciano de su propia vejez, o de su falta de recursos por la edad y las lógicas repercusiones que tendrá ese despiste.

La crisis, y el paro que llevó consigo, han obligado a las familias a que ambos cónyuges salgan a buscar ingresos, ocupando el abuelo el lugar de guarda y custodia y, en muchas ocasiones, el de sostén familiar. El comienzo de las clases y la permanente problemática del cuidado de los niños, ha hecho florecer abuelos por los colegios y parques de toda nuestra geografía. Son situaciones de emergencia.

Pero no siempre es cuestión de apremio. A veces se complica cuando deja de ser una obligación para cuidar menores en horario laboral y pasa a ser un derecho adquirido de los hijos a tomar a sus padres de la mano y convertirlos en auténticas guarderías volantes. Véase, el abuelo que dice a su hijo: “hijo que nos vamos de vacaciones”, a lo que el hijo contesta: “jo papá, es que estáis todo el día por ahí”. O aquellos abuelos que, ante la desgracia de haber tenido hijos con afán repoblador de la especie -pero sin interés en dejar ni un solo minuto su trabajo o sus partidos de paddel-, se ven obligados a cargar con la tropilla. “No os preocupéis. Si son unos angelitos”. 

Bien, pero, ¿algún derecho tendrán esos socorridos abuelos? Casi ninguno. Poco más que las pocas gracias que les puedan dedicar unos hijos con prisas vertiginosas, atropellados por la vorágine de la sociedad actual que les obliga a trabajar, sin que por ello quieran dejar de ser padres. Reconozcamos que un empleo como éste, al cual prácticamente todos estamos inexorablemente condenados a llegar, no está ni reconocido ni valorado.

Los americanos que para estas cosas son mucho más sentidos, han reconocido esta labor auspiciando el National Grandparents Day (Día Nacional de los Abuelos) o el televisivo Tito Yayo, donde se da carta de naturaleza a ese denostado empleo. Aquí, un poco a remolque, también celebramos el Día del Abuelo, ¿cada 26 de julio? Pocos lo saben. Eso sí, hemos llegado a crear una nueva variedad: las abuelas y abuelos flauta. En fin. 

No hace mucho ponían en la tele un programita en que, aprovechando la cámara oculta y los años, unos actores de mayor edad hacían gamberradas veniales a gente joven, dejándoles perplejos. Quizá sea la merecida venganza al sofocón que pasó el pobre abuelo Isbert, cuando se le veía dando gritos por la calle, llamando a Chencho.

miércoles, 30 de septiembre de 2015

También esto pasará.


Cuenta una antigua leyenda china que un emperador, que había perdido recientemente a su único hijo, reunió al consejo de sabios del imperio, encargándoles que expresasen en pocas palabras el dolor que sentía. Los sabios, después de cumplir el encargo, le dieron la respuesta: Majestad, “también esto pasará”. 

Para las elecciones autonómicas en Cataluña se había pretendido, definir de un plumazo las preferencias de los ciudadanos en sus relaciones con el resto de España. Para ello, los partidos pro independencia, habían marcado sus posiciones en la arena política, dando una visión apocalíptica de la correspondencia con el Estado, pretendiendo que los grandes problemas que afectaban a la ciudadanía se solventarían con una eventual independencia. Obviando que se trataba de unas elecciones autonómicas, dejaron de lado las verdaderas cuestiones de relieve, y apostaron por la técnica de las elecciones plebiscitarias. Así ha sido. 

Independientemente de la legalidad que pueda gozar en nuestro sistema político, el inconveniente de los plebiscitos es que, para ganarlos, no basta con ser aprobado por unos cuantos. Debe ser sancionado por la mayoría de los votantes. No ha sido así. La opción secesionista no ha conseguido convencer a más de los que había convencido en la consulta ¿referéndum? del pasado mes de noviembre, por lo que no prosperará. A mayor abundamiento, a esos votos en contra podríamos sumar los votos de los que no han ido a votar qué, de facto, también sumarían. 

La principal opción separatista, “Junts pel sí”, -concomitancia entre CIU y ERC- ha perdido nueve escaños sobre lo ya disponible. Quizá no tan malo, si advertimos que la opción “Cataluya si que es pot”, que partía con trece escaños de “Iniciativa per Catalunya”, al sumarse con “Podemos”, se ha quedado en diez. Aun así, conocidos los resultados, el Sr. Junqueras se apresuró a arengar a su parroquia con una imagen sobreactuada, donde dio las primeras pinceladas de lo que pretende ser la declaración de independencia y asegurando que su opción “Junts pel sí”, había ganado en votos y en escaños. 
Cierto no es, pero no dejaba de ser una mera explotación del éxito, un éxito precario, ya que lo que no dijo el Sr. Junqueras es que para conseguir la mayoría de independentistas, su opción necesita el apoyo del partido CUP, también independentista, pero también antisistema, por lo que en una hipotética solución espectral, se podría dar el caso de que los votantes conservadores de Convergencia, acabasen con un presidente de ERC o vaya usted a saber. Un lio. 

Con este resultado, el asunto no ha perdido interés, pero sí fuelle. Tomó buena nota Telecinco, y a la misma hora, emitió Gran Hermano 16. Es lo que tiene la normalidad. 

Ahora las altas instancias deberán reunirse y trabajar para evitar que un nuevo intento de secesionismo pueda fracturar al Estado. Y el resto, no temamos, como bien dijeron los sabios al emperador, también esto pasará. 



jueves, 17 de septiembre de 2015

De coletas y látigos.

Poco se imaginaba la autora británica E.L. James cuando escribió Cincuenta sombras de Grey que su novela conseguiría los méritos que ha conseguido, sobre todo teniendo en cuenta que no es más que la relación común entre dos “JASP”, con unas costumbres sexuales poco habituales. Mucho menos se imaginaría que podía llegar a ser la imagen y semejanza de otros que, al albur de su rebufo, han ido por el mundo marcando cacha y emulándole. 

Aquí, nuestros políticos, siempre a la vanguardia de estas tendencias, han tardado poco en dedicarle un sonoro reconocimiento, esta vez aprovechando la vorágine de las próximas elecciones catalanas.

Pablo Iglesias había declarado que CDC y PP estaban jugando a ¿guerritas? Pues bien, Lluís Llach, antiguo cantautor español, -ahora cabeza de lista de Junts pel Si, la candidatura de Artur Mas en Gerona- le dio contestación desatándose con unas declaraciones en las que, amén de otras “perlitas”, viene a decir que cree que el líder de Podemos tiene “obsesiones sexuales” con el presidente catalán. Evidenciándole además, la necesaria concurrencia de un psicólogo. Lamentable. Tal afirmación mereció una pronta respuesta y Pablo Iglesias inflamó a la parroquia: “a Mas le vamos a dar sexo, le vamos a dar látigo en esta campaña”. Patético.

Aunque ya vayamos estando acostumbrados a toda clase de sarcasmos y escarnios entre sus señorías, sería deseable que se dedicaran a lo que están, dejando de lado esas necedades que, supuestamente, no se deben atribuir a la gente de tal condición. 

La política siempre ha sido un circo que, no por indiferentes, nos ha cogido con una sonrisa en la boca al ver en que pasan en tiempo sus señorías. El justiciable, hemos sido benignos con ellos, bastándonos una mera explicación de sus actos, pero lo que está ocurriendo últimamente rompe con los cánones de lo justificable. Sin esperarlo, nos han llegado nuevas formas de acceder a nombramientos o la nueva planta -en mangas de camisa y sin afeitar- con que mandatarios locales reciben a representantes de grandes instituciones. Mal. 
Pero ya, acceder al lenguaje escatológico para manifestar un estado de ánimo o una forma de opinar, está fuera de cualquier comportamiento honorable. 

Cierto. Aunque no acaben de creérselo, los ciudadanos esperamos de ellos eso, un comportamiento honorable, y si cabe, mucho más, un plus de “cojonudismo”. Si para mantener una postura política se da carta de legalidad al “vale todo” llegaremos a extremos poco saludables. No debemos olvidar que el exterior nos mira con lupa y no podemos dar una imagen distorsionada de lo que, en realidad, es el conjunto de los españoles. 

Quizá como contrición por lo anterior, Llach ha revelado cuál sería su futuro si Junts Pel Sí no gana las elecciones autonómicas y no consigue la independencia de Cataluña: “Me voy a Senegal”, ha dicho. A ver si es cierto.

jueves, 10 de septiembre de 2015

Los anuncios de la D.G.T

De nuevo este año hemos podido asistir al lúgubre espectáculo que nos presenta en los últimos años la DGT, con sus anuncios publicitarios para hacernos entender cómo deben ser las cosas en el uso de los medios de transporte a nuestra disposición y de los peligros que conllevan su mala utilización. 
Este año se dirige a esos pequeños despistes que cometemos al volante. Una de las máximas que esgrime la DGT es la fragilidad del ser humano para llegar a comprender lo que puede suponer una mala utilización de los vehículos o últimamente, el valor residual que pueden tener unas gafas de sol o nuestra canción preferida en el aparato de música.

Hay que reconocer que la campaña publicitaria se las trae y que la calidad de la misma no alberga la menor duda. Si lo que se pretendía es ponernos los pelos de punta al ver esas familias que se rompen por una indebida utilización de sus vehículos, hay que reconocer que lo han conseguido. 

Pero si bien es cierto lo uno, también es cierto que una campaña de esta categoría, financiada por un medio público, debe procurar llegar más allá de lo que meramente es una amenaza de un posible resultado inesperado. 
Ya en el lejano 2012 la DGT nos pretendía hacer comprender que lo importante es llegar y que la Administración no pretende otra cosa que lleguemos a nuestro destino sin percances. 

Por eso, debe recordar la DGT que no siempre son los pequeños despistes de los conductores los que dan lugar a esos temibles accidentes que nos presentan en las pantallas. 
En muchas ocasiones la Administración se pone de lado al ver la cantidad de puntos negros que existen en la red viaria española y que llevan consigo, también, que las posibilidades de una conducción segura se desmoronen. 
Es entendible que no todas las vías de circulación pueden tener el rango de autopistas de peaje o autovías. Pero no admitir determinados desdoblamientos de autopistas de peaje -obligando a conductores de todas clases a concurrir a carreteras de ámbito general y de primer orden, en mal estado de reparación-, también debería ser tenido en cuenta. 

Esas carreteras, -hacinadas por infinidad de vehículos que, aquí sí, sus conductores no pueden pasar el tiempo buscando las gafas o la música más adecuada-, el problema de los guarda-railes o quitamiedos para las motos -del que desde tiempo inmemorial se viene pidiendo una solución a la DGC-, la eliminación de peraltes y curvas sin sentido, o puntos negros llenos de baches y malos firmes, hacen que a estos anuncios les falte un algo importante para su completa realidad. 

Con todos los respetos y parafraseando al anuncio, el bache más caro del mundo podía ser aquel en que, sin pretenderlo, un vehículo introduzca una rueda y se encuentre con qué, en el mejor de los casos, se le produzca una avería de consideración. Luego las reclamaciones, al maestro armero.

MILITARES Y CONSTITUCIÓN.

  Escucho en foros políticos y mentideros de tertulianos, glosas de las virtudes de la ministra de Defensa Margarita Robles. Algunos la su...